5/20/2007

Juan José Flores

A 101 años del primer 'biógrafo'

La efemérides es muy breve: 25 de mayo 1906 comenzó a funcionar en nuestra ciudad el primer “biógrafo”. Sin embargo, detrás de esas pocas palabras, hay una historia cargada de aventura, emoción, terror, humor… Una historia que, desde el principio, se desarrolló en una sala oscura, sólo iluminada por el rayo de luz de un proyector. El cine llegó a nuestra ciudad por iniciativa de un ciudadano francés Pedro Lafourcade.
Habían pasado apenas diez años desde que los hermanos Lumiére realizaran la primera proyección cinematográfica en la ciudad de París. Eran años en que el cine no tenía sonidos, pero ya se había convertido en una industria.
En sus primeros años, el cine fue considerado una atracción menor. Las primeras películas eran imágenes documentales, como aquellas en las que un tren parecía abalanzarse sobre los espectadores. Pero poco después, cuando el también francés George Méliès descubrió el arte de los efectos especiales, los noveles realizadores captaron las grandes posibilidades que el invento ofrecía.
Mientras surgían pequeños estudios en Estados Unidos y Europa, dedicados a la realización de filmes de pocos minutos y metraje. Trataban temas más o menos simples, y tanto por decorados como por vestuario, eran de producción relativamente barata. Además, la técnica no había resuelto el problema del sonido, por lo que las funciones se acompañaban con un piano y un relator. Pero en este tiempo surgieron la casi totalidad de los géneros cinematográficos (ciencia ficción, históricas o "de época"); el género ausente fue, por supuesto, la comedia musical, que debería esperar hasta la aparición del cine sonoro.
Para cuando Lafourcade inauguró el primer “biógrafo” en la ciudad, el cine estaba relativamente desarrollado, tanto en su contenido como en su técnica. Según quedó registrado en la historia local, las primeras películas que se proyectaron fueron “Cinco centavos de puerros” y “Los perros contrabandistas”.
Aunque la sala de Lafourcade no era precisamente no que hoy podría entenderse como cine, sino un café que se convertía en cinematógrafo. Se llamó “París”, igual que el cine teatro que 17 años más tarde inauguraría el francés en la avenida Alsina, hoy 59.
Por aquella época el bar Moderno también contaba con un cinematógrafo.
Debió pasar una década para que el 10 de enero de 1914 se inaugurara en la avenida 2 el primer casino, que contó con su propio cine.

La Edad de Oro
En la década del '20 se produjo una primera época de furor del cine en nuestra ciudad, que en aquellos años era un pueblo cuyo número de habitantes era apenas superior a los 10.000 habitantes.
Por aquellos años, Lafourcade fue propietario del primero de los Ocean, inaugurado en 1924 en la Villa balnearia. Existen datos que, no han podido ser confirmados, de que en aquellos años también funcionó un cine en Quequén.
En abril de 1931, el Ocean Cine, anunciaba en Ecos Diarios, “La maravilla de las maravillas: La Canción del Vagabundo, sonora, hablada y cantada”.
Pero el único de los cines construidos en las primeras décadas del siglo pasado que aún sigue en pie es el Cine Teatro París, fundado por el mismo Lafourcade el 23 de mayo de 1931.
Según la crónica publicada el domingo 24 de mayo en Ecos Diarios, “Más de mil personas concurrieron a la inauguración del Palacio del Cine”.
“La amplia sala ofrecía en su noche inaugural un soberbio espectáculo; ni un solo claro se veía en los palcos, plateas altas y bajas, al extremo que colocáronse sillas a fin de facilitar la comodidad de los espectadores que no pudieron ubicarse en butacas, lo que obligó a la empresa a suspender la venta de localidades”, señalaba el cronista.
“Tanto los señores Lafourcade como los miembros de la Sociedad Francesa, fueron muy felicitados”.
El mismo día que apareció el citado comentario, en el diario se publicaba un aviso publicitario que anunciaba la proyección de “Las Vampiros de Broadway” en “diez largos actos”. La película era sonora y en colores.
Pocos días después, se estrenaba “Angeles del Infierno”, con Ben Lyon, James Hall y Jean Harlow. Era promocionada como “La película más grande de todos los tiempos”.
Debieron pasar casi diez años para que se inaugurara otro cine en el centro de la ciudad: el Atlantic, que comenzó a funcionar en 1942, en un elegante edificio de calle 62 entre 59 y 61.
A fines de la década del 40 también funcionó en Quequén un cinematógrafo en el Club Ministerio. Se llamaba Cine Quequén. El 6 de enero de 1951, el año en que llegó la televisión al país, reabrió sus puertas el cine Casino, en el antiguo edificio del Casino de la Sociedad de Fomento.
Allí comenzaría la decadencia de aquella época de oro, pero también comenzaría otra, que estuvo signada por los apellidos dos familias que durante años fueron sinónimo de cine en nuestra ciudad y en la región.

Los Fernández y los Boga
El Cine Gran Sud, cuyo edificio fue rematado hace unos días, fue inaugurado el sábado 7 de julio de 1951 y el acto constituyó un auténtico acontecimiento. La sala tenía una capacidad para 1.600 personas.
La empresa que llevó adelante el proyecto estaba integrada por Dositeo Fernández, Ramón Boga y el ingeniero Justino Tersoglio. Los dos primeros formaban desde hacía décadas una sociedad dedicada a la explotación de salas cinematográficas.
Con la idea de construir en la ciudad una sala que tuviera las características de los mejores cines existentes en el país, fue que emprendieron la obra en pleno centro de la ciudad.
El viernes anterior se había realizado una función privada. “El público elogió entusiastamente el confort de la espléndida sala, el buen gusto de sus instalaciones y el imponente marco del elegante recinto”, señalaba un artículo aparecido en Ecos Diarios al día siguiente.
El cine fue inaugurado con la proyección de la película “Cosas de mujeres”, con Zully Moreno y Angel Magaña.
Al día siguiente, el filme se proyectó a las 15.10, 19 y 22.55, mientras que la película “El hijo de las fieras” completaba la programación.
Sin embargo, un año más tarde de la inauguración del cine, Dositeo Fernández falleció y debió hacerse cargo de la empresa su hijo Roberto Dositeo Fernández, de 19 años de edad.
Dotado del mismo espíritu progresista que su padre, “Tito” Fernández encaró la construcción de otra moderna sala en la Villa balnearia: el Cine Gran Ocean.
Esta sala fue inaugurada el 8 de enero de 1957.
Poco después, se sumaba a la sociedad Juan José Valdettaro y el grupo expandía su operatoria, al adquirir la explotación de las salas que hasta ese momento estaban a cargo de la empresa de Alfredo Sanz: el Cine Teatro París, el Atlantic y el Gran Playa (inaugurado en 1958).
La empresa “Fernández Boga S.A”, a la que también se sumó Ramón Boga hijo, llegó a explotar salas en Tandil y Bahía Blanca y amplió sus actividades comerciales con la distribución de películas nacionales y extranjeras en la zona sur de la Argentina.
Pronto, también contrataron la sala del Auditórium Casino y las de la Galería de los Teatros, el Piso de Deportes del Club Rivadavia, el Teatro Plaza y otros recientos aptos para ofrecer espectáculos.
El prestigio de la firma ante los sellos productores, permitió que dos películas se filmaran en Necochea en aquellos años: “Los Mochileros”, que significó el debut cinematográfico de Susana Jiménez, y “Gitano”, con Sandro y Soledad Silveyra.

Regreso a la sala oscura
Años más tarde, tras perder gran cantidad de espectadores con la televisión y luego con la aparición del videocasete, la mayoría de los cines locales fueron desapareciendo. El Gran Sud se convirtió en una sala de bingo y el Atlantic en una casa de venta de electrodomésticos.
Del Gran Sud queda el edificio y el cartel. El Atlantic prácticamente ha desaparecido bajo una nueva fachada. Corrió la misma suerte el Gran Playa, que se convirtió en una discoteque que durante años se promocionó como la única de la ciudad con el piso en pendiente.
Pero cuando hacía pensar que el cine desaparecería de nuestra ciudad, como desapareció de un gran número de ciudades del interior, resurgió adaptado a los nuevos tiempos. El Ocean se convirtió en un complejo de cine y también se construyeron las tres salas del Cinema, en 58 y 75.
El París, el Palacio del Cine creado por Lafourcade en 1931, fue remozado y actualmente se encuentra impecable, sin embargo, ha dejado de ser una sala cinematográfica, como la soñó aquel francés que hace 101 años proyectó en la ciudad dos películas hoy olvidadas: “Cinco centavos de puerros” y “Los perros contrabandistas”.

Juan José Flores

Acerca de Juan José Flores -

Dibujante, periodista, blogger y escritor. Recientemente publicó en Amazon, en formato electrónico, la novela Horror en Colonquelú y la antología Cuentos para leer en el smartphone.

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