3/21/2012

Juan Jose Flores

Costa Bonita, el sueño de Mario Corte

A mediados de la década del 40, un empresario capitalino compró a la familia Gil varias hectáreas de tierras frente al mar. Aquel empresario se llamaba Mario Corte y en esos lotes nació el balneario Costa Bonita.
Quienes conocieron aquellas playas a mediados del Siglo XX, recuerdan que se podía ingresar al agua y caminar cien metros. Era un lugar virgen y el nombre que le impuso Corte intentaba ser un reflejo de las bellezas de la costa.
Corte colocó un artes sobre la ruta 88, a la altura del camino de acceso, que decía: “La fabulosa Costa Bonita” y luego fue loteando el lugar para construir enseguida la hostería que llamó “Canción del mar”.
Corte, que había desarrollado emprendimientos similares en Córdoba y Monte Grande, soñó con convertir a aquel bello paraje en un gran balneario.
Se encargó de forestar el paraje y administró el loteo a través de su empresa, que se llamaba “La Gran Master Rural”.
Además, el empresario construyó cinco chalets y donó el edificio donde en la actualidad funciona la Escuela Nº 41 “Niñas de Ayohuma”.
Gracias a una intensa promoción que Mario Corte efectuó en diversos puntos del país, especialmente en Capital Federal, numerosos inversores adquirieron terrenos en Costa Bonita y empezaron a construir viviendas.
El lugar era prácticamente salvaje y los primeros residentes y turistas soñaban con que aquel era el lugar ideal para crear un gran balneario.
Así fue que se construyeron los dos edificios con los que cuenta el pequeño paraje: El Oceánico y el Atlántico.
A fines de los años 50, los albañiles que llegaron a trabajar en la construcción hicieron crecer el número de residentes permanentes del paraje.
En su mejor época, Costa Bonita llegó a tener un Centro Cívico, que nucleaba en verano los servicios de policía, bomberos y salud, además de ser la sede de la Junta Vecinal.
El ejido de la pequeña localidad, tiene 13 cuadras de frente sobre la costa con 50 hacia el sector opuesto. En el caso de las calles perpendiculares al mar se denominan con letras y las trasversales con números.
Pero la paradisíaca playa de Costa Bonita comenzó a ser víctima de la erosión. En un principio comenzó a salir mucho canto rodado y los vecinos utilizaban esas piedras en la construcción.
Algunos vecinos comenzaron a explotar aquel recursos y el canto rodado se sacaba con caballos y luego con un tractor oruga.
Pero luego desapareció y en diciembre, con las crecientes, comenzó a llegar arena fina, que cubría toda la playa y cubría las piedras.
Con el paso del tiempo, los temporales y los vientos del Sur provocaron el crecimiento desmedido de los médanos.
Con maquinaria pesada, los residentes comenzaron a quitar los médanos y a arrojar la arena a la playa.

El sueño de Corte
“Conocí Costa Bonita por azar y su naturaleza tan agreste me deslumbró, sentí un impulso de sentimiento afectivo”, escribió hace años Mario Corte. “Fue para mi un desafío en el que proyecté crear una villa con características diferentes, manteniendo la pintoresca geodesia de su suelo”.
Corte luchó durante años para llevar adelante su sueño. “Gestioné en Bienestar Social la instalación de primeros auxilios, llevé la estafeta postal, conseguí la marcación de los accesos a Costa Bonita, hice un bosque de 40.000 pinos, lleve sin resultado positivo a directivos de una empresa petrolera para conseguir la instalación de una estación de servicio, pero se negaron por la escasa población”, escribió Corte.
“Cedí dos terrenos más para la ampliación de las aulas y la construcción del salón comedor de la escuela, junto a otro anterior quedo doné para la construcción de la cancha de basquet”, recordó en unos textos que dejó a modo de testamento.
“Construí y financié en terrenos donados más de 50 chalets, inicié el sistema de propiedad horizontal en Costa Bonita, regalando los terrenos de excelente ubicación, costeando los planos y financiando algunos de ellos”, indicó.
“Problemas personales motivaron mi alejamiento físico de Costa Bonita, porque en mi espíritu y pensamiento está siempre presente ese primitivo sentimiento afectivo que me unió a ese lugar”, concluía Corte, quien falleció a fines de los 90.

Juan Jose Flores

Acerca de Juan Jose Flores -

Dibujante, periodista, blogger y escritor. Recientemente publicó en Amazon, en formato electrónico, la novela Horror en Colonquelú y la antología Cuentos para leer en el smartphone.

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