7/15/2013

Juan Jose Flores

El primitivo Puerto Quequén

Faltaban al menos tres décadas para que Puerto Quequén fuera visto por el gobierno nacional como un punto estratégico cuando, el 4 de octubre de 1870, se realizó el primer embarque de tasajo hacia la Capital Federal.
El tasajo era carne seca y salada que se utilizaba para alimentar a los esclavos en Cuba, Brasil y Estados Unidos.
En aquella época los campos de Necochea no estaban sembrados y la actividad productiva principal era la ganadera.
Los pailebotes, unos veleros de 90 toneladas de porte, podían transportar el equivalente a 20 carretas y llegar a Buenos Aires en la mitad de tiempo que esos carruajes. Por eso los embarques de tasajo se perfilaban como una actividad muy rentable.
Sin embargo, ese mismo año es abolida la esclavitud en Estados Unidos y poco tiempo después también en Brasil y Cuba, por lo que el tasajo deja de tener mercado.
Recién en 1886 comienzan a construirse los primeros muelles y depósitos y nace el puerto local.
A principios del Siglo XX, el puerto fue entregado en concesión a la Sociedad Angel Gardelia y Cía. la que hizo algunas obras que no cambiaron fundamentalmente las condiciones de acceso y fueron, en consecuencia, de alcance limitado.
Fue recién en 1908 cuando el gobierno nacional se interesó en Puerto Quequén. Ese año el Congreso votó la ley 5705 por la cual destinaba $3.000.000 para la construcción del puerto, disponiendo que se efectuara un concurso de planos y presupuestos.
Estudiadas las propuestas por una comisión de técnicos designada especialmente al efecto, se adjudicó la construcción a la Societé des Grands Travaux de Marseille, la que tras los preparativos del caso inició los trabajos a mediados del año 1911.
En noviembre de ese año se habilitó el ramal del Ferrocarril Sud, de Estación Quequén al puerto, para el transporte de rocas y demás materiales destinados a la construcción.
Pero, la suma votada resultó insignificante para un puerto en pleno océano y que requería de la construcción de gran cantidad de obras.
Ante esta situación, en 1913 se votó la ley 9.153, autorizando otros 2.000.000 de pesos oro y en 1917 la ley 10.295, ampliando la inversión en otro millón de pesos oro.
Así fue posible reforzar los perfiles de las obras de abrigo y prolongarlas, dar una mayor superficie al antepuerto e introducir otras mejoras al proyecto primitivo.
La empresa contratista efectuó también los dragados interiores necesarios, construyendo terraplenes, defensas en los mismos, vías férreas, etc.
En diciembre de 1921 terminó el contrato de la empresa francesa. Desde entonces la Dirección General de Navegación y Puertos, por intermedio de la jefatura de las obrsa del puerto, continuó administrando los trabajos.
Se construyó un muelle y galpones de cabotaje, además de obras de conservación de los edificios existentes.

Obras fundamentales
La administración pública realizó el dragado de la boca de puerto, trabajo que no había podido efectuar la empresa francesa.
En 1915 una crecida del río había producido erosiones de tal magnitud en la ribera derecha, entre las secciones de cabotaje y de ultramar, que 1.500.000 metros cúbicos de material habían sido arrastrados y depositados inmediatamente afuera de las escolleras, ensanchando el cauce del río en 200 metros y transportando médanos de arena de altura superior a los 15 metros, según una publicación de los años '30.
Esto disminuyó la profundidad en la boca a 9 o 10 pies y el dragado en ese sector, dado el poco fondo existente y la falta de protección, presentaba dificultades especiales que la empresa no pudo vencer.
Al hacerse cargo la administración público, con distintos tipos de dragas se llevó a cabo la profundización durante los años 1923 y 1923.
Se llegó a los 23 pies de profundidad, formándose un nuevo terraplén aguas arriba del muelle de ultramar, con el material refulado que fue protegido por defensa de piedra. Además se realizaron diversas limpiezas del canal de acceso y de las secciones de ultramar y cabotaje.
Con los materiales provenientes del desarme del puente de servicio que utilizó la Societé des Grands Travaux de Marseille para la construcción de la escollera Oeste, se construyó también por administración, un puente carretero aguas arriba del cabotaje, que fue inaugurado el 20 de enero de 1924.
Otro trabajo de importancia realizado en aquellos primeros años del puerto fue la fijación de médanos vivos de la ribera derecha, sin la cual el mantenimiento de las profundidades en el puerto habría sido imposible.
Ese trabajo tuvo comienzo por contrato en 1915. Con el paso de los años se consiguió fijar definitivamente 50 hectáreas de médanos vivos y se logró establecer allí toda clase de pastos y plantaciones de tamariscos, álamos y otras especies.
También se llevó a cabo la construcción de la avenida costanera entre el puerto y el balneario.

Del cabotaje a ultramar
Según una publicación aparecida con motivo del cincuentenario de la ciudad, hasta 1921 la actividad en el puerto había sido prácticamente nula. El movimiento del puerto en aquellos años era de cabotaje y se producían algunas exportaciones. Recién en marzo de 1929 comenzó con éxito el servicio regular de ultramar.
De acuerdo a la estadística, en 1921 salieron de Puerto Quequén 56 buques con una carga de 7.361 toneladas. Al año siguiente salieron 85 buques, con 16.485 toneladas de carga.
En 1923 se produjo una baja de la actividad, ya que partieron 83 barcos, pero la carga fue mayor: 21.921 toneladas.
En 1924 el número de embarques subió, hubo 93 y el tonelaje llegó a los 30.235.
Recién en 1925 se superó el centenar de buques, hubo 124 partidas con una carga de 40.168 toneladas.
El cabotaje continuó en 126, llegando a 171 buques embarcados, con 40.638 toneladas. Al año siguiente se registraron 193 buques, con 69.769 toneladas. Ese fue el año de mayor actividad de transporte de carga hacia otros puertos de nuestro país.
Ya que en 1928, el número de buques bajó a 175 y también la carga: 44.464 toneladas.
En 1929 se inició la exportación y disminuyeron las actividades de cabotaje y por lo tanto el número de buques, pero en cambio, aumentó considerablemente el tonelaje salido.
Ese año, 152 buques partieron de Puerto Quequén, pero la carga llegó a 105.492 toneladas.
Para 1930 partieron 160 buques con una carta de 173.000 toneladas.///

Juan Jose Flores

Acerca de Juan Jose Flores -

Dibujante, periodista, blogger y escritor. Recientemente publicó en Amazon, en formato electrónico, la novela Horror en Colonquelú y la antología Cuentos para leer en el smartphone.

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