3/20/2016

Juan Jose Flores

Cuatro décadas vinculado al Tiro Federal de Necochea

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“Mi padre no nos dejaba tener ni una honda”, afirmó Rubén Fondacaro. Sin embargo, ya de chico sentía cierta fascinación por las armas de fuego. Cuando al final de la adolescencia le tocó hacer el servicio militar, la casualidad o el destino quiso que lo enviaran a limpiar fusiles en la sala de armas del cuartel.
Allí su pasión por las armas se acentuó y años más tarde, su esposa Esther lo incentivó para que fuera a practicar tiro. En la actualidad hace 43 años está vinculado al Tiro Federal de Necochea, donde llegó a ser presidente de la comisión directiva, agente de Renar, árbitro y maestro de campo de torneos de tiro práctico, además de instructor.
Fondacaro nació en nuestra ciudad el 29 de noviembre de 1950 y está a punto de jubilarse. Está casado desde hace más de 40 años con Esther y tiene una hija y tres nietos.
Su vida ha transcurrido entre su pasión por las armas y el trabajo. En los últimos años canaliza su pasión por el tiro deportivo a través de la práctica y la instrucción, donde trata de volcar todos los conocimientos obtenidos a lo largo de su vida.

El tío y la maestra
Fondacaro dice que la práctica del tiro marca el carácter de las personas. Fuera del polígono, la vida lo llevó a aprender un oficio que también lo fascinó. Recuerda que de chico iba a visitar el taller de un tío suyo que reparaba radios y que se quedaba allí como hipnotizado mirando aquellos aparatos.
A él no le gustaba estudiar y terminó la primaria de noche. Allí una maestra de apellido Angeloni, a la que Fondacaro le había explicado que no quería estudiar, lo incentivó para que probara con la electrónica.
Fue así que comenzó a realizar un curso de electrónica por correspondencia y poco después empezó a trabajar con un técnico que se dedicaba a reparar radios de autos.
Después ingresó al taller de Walter Oliver, quien se dedicaba a reparar y armar televisores.
Entre los 17 y los 28 años trabajó en el taller de electrónica de Cardoni, un autodidacta que sabía tanto que incluso era consultado por Phillips y que además de brillante técnico era un gran maestro.
En 1983 Fondacaro ingresó a la fábrica de tractores Labrar, donde se producía el tractor Pampero. Allí fue jefe de mantenimiento y electricidad hasta el año 1990.
Desde entonces hasta la actualidad Fondacaro trabaja por su cuenta, dedicándose a la reparación de transformadores, equipos de soldadora de arco, cargadores de batería, arrancadores y electrificadores rurales.

Esa fascinación
“El día que yo vaya al tiro a hacerme mala sangre, no voy más”, afirmó Fondacaro. Sin embargo ese día parece estar muy lejos, ya que para él lo principal es disfrutar de la práctica de su deporte favorito y de la camaradería.
Además, como apasionado de las armas modernas, cada día surge algún revólver o pistola nueva que alimenta su gusto por estos artilugios que siempre le atrajeron tanto.
Si bien en un principio a Rubén le gustaba disparar con armas largas y practicó con fusiles Mauser, FAL y escopetas, pronto se volcó a los revólveres y pistolas.
Recordó que tras regresar del servicio militar, en el año 1973, quiso comenzar a practicar tiro. Entonces su esposa Esther le dijo que ella tenía algunos amigos que concurrían al Tiro Federal.
Así fue como conoció a los Maríngolo y comenzó su actividad como tirador amateur. Primero en las disciplinas de carabina y fusil, luego con pistola libre, pistola estándar y revólver.
Fondacaro participó en diversos torneos regionales que se hacían en aquellos años, cuando en los certámenes participaban tiradores de polígonos ubicados en un radio de 200 kilómetros a la redonda de Tandil.
“En aquellos años la gente hacía cola para practicar tiro”, precisó. El deporte era generalizado y los adolescentes lo practicaban en las escuelas secundarias como parte de educación física.
Eran años en que los tiros federales estaban bajo la órbita del Ministerio de Defensa y el Ejército proveía de municiones gratis a todos los polígonos. Debido a ello practicar tiro era accesible para todos.
En aquella época cuatro soldados hacían el servicio militar en Tiro Federal de Necochea. Estaban a cargo de la vigilancia de las armas y además realizaban el mantenimiento.
“Con el golpe militar todo eso se terminó”, explicó Fondacaro. El Tiro Federal de Necochea no se recuperó con el regreso de la democracia. No fue hasta que se implementó como disciplina el tiro práctico que la institución comenzó a recuperarse y volvió a tener actividad.

Una larga carrera
A Fondacaro, que fue subcampeón y campeón regional en la categoría veteranos, no le interesa competir, le gusta disfrutar del tiro. Por eso dice que el día que concurrir deje de ser un placer, ya no irá.
Este deporte le ha permitido a Rubén viajar por todo el país haciendo lo que le gusta. Además de ser instructor ITB, en 2000 rindió el curso de oficial de campo INOC, lo que lo habilita para fiscalizar torneos de tiro práctico.
Esta especialidad le ha permitido intervenir en torneos regionales, provinciales y nacionales y en 2011 lo llevó a convertirse en maestro de campo. Así tuvo la oportunidad incluso de ser árbitro internacional.
En 2008 realizó el curso de nivel 2 de tiro práctico.
En la actualidad la instrucción parece haberse convertido en otra de sus pasiones. A su cargo están los cursos iniciales orientados especialmente a la introducción en la práctica del deporte.
“Me niego a dar cursos de defensa”, sostuvo Fondacaro. “Nosotros desde la institución desalentamos a la gente que quiere armarse para defenderse”.
Precisó que en los cursos se hace hincapié especialmente en la seguridad y que ni siquiera las personas que cuentan con portación pueden ingresar al club portando armas. Se intenta inculcar en los tiradores la disciplina y la seguridad.
“Nosotros nos dedicamos a agujerear cartones y platillos de metal”, dijo respecto a la práctica de este deporte, que a los 65 años, lo apasiona tanto como cuando era un jovencito recién salido del servicio militar.

Artículo publicado en el Suple Finde de Ecos Diarios

Juan Jose Flores

Acerca de Juan Jose Flores -

Dibujante, periodista, blogger y escritor. Recientemente publicó en Amazon, en formato electrónico, la novela Horror en Colonquelú y la antología Cuentos para leer en el smartphone.

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