3/06/2016

Juan Jose Flores

Larraburu, un terrateniente que acuñó sus propios billetes

Patagua
En el año 2000, el hoy fallecido historiador y escritor pampeano Jorge Etchenique presentó una ponencia en las Primeras Jornadas de Historia del Delito en la Patagonia, que se realizaron en la ciudad de General Roca.
En ese trabajo de 17 páginas titulado “Delito, medio social e institucional en el oeste pampeano”, Etchenique hacía referencia a algunos conocidos bandoleros del siglo pasado en La Pampa. Lo llamativo de aquella investigación es que uno de los personajes centrales es alguien muy vinculado a Necochea: el estanciero Juan Bautista Larraburu.
Etchenique señala que la ambición de extender sus propiedades llevó a Larraburu a “combinar acciones legales e ilegales en distintas dosis. Claro, la misma práctica los llevó no sólo a embaucar al Estado sino a comerciantes, otros hacendados y a utilizar la violencia contra ganaderos vecinos o puesteros molestos”.
Precisa que en la década de 1880 se afincó en nuestra región, donde se alió a “Victor Tiret, Pedro y Juan Capdebocqs, Luis y Juan B. Gombault y otros en quienes advirtió un similar grado de impaciencia por abandonar la medianía de la pirámide social”.
En su afán de hacer fortuna rápida, Larraburu y sus socios fueron “delineando una cadena de casas de comercios en sitios claves. Estos “boliches” estaban instalados en campos propios o bien arrendados que a su vez subarrendaban haciendo grandes diferencias. En estos campos colocaban hacienda, de tal manera que el 70 % de la producción – por ejemplo lanares - quedaba para la sociedad y el 30 % restante lo pagaban con billetes Larraburu, de validez exclusiva en los almacenes propios”, señala Etchenique en su investigación.

Los billetes
Larraburu confeccionó tres emisiones privadas de vales o billetes, una a nombre propio y las otras dos en los de "J. Bautista Gombault y Cía." y "Capdeboscq, Gombault y Cía."
Todos tienen los mismos diseños; su retrato de tres cuartos perfil derecho, un dios Mercurio con caduceo, símbolo del comercio y una vista de su almacén de ramos generales "El Pito". El frente fue impreso con tinta negra sobre un fondo de seguridad de color; el dorso del color base del frente aunque con tono más subido.
Observamos allí un gaucho al galope con boleadoras y acompañado de un perro que ocupa el centro del diseño; arriba una cabeza de caballo y a izquierda y derecha un vacuno y un lanar. Figuran también, dentro de circulitos, las marcas para ganado de "El Pito", "La Otomana", "El Aduar", "El Odre", "Eder y Cía." y "La Hebrea".
Los billetes están limitados por un marco de seguridad cuyas cuatro esquinas rematan en ornamentos; su valor se expresa en pesos moneda nacional. Fueron impresos en La Plata en los talleres de Sesé y Larrañaga de la calle 47 esquina 9, pie de imprenta que se repite en el frente y dorso. Los ejemplares a nombre de J. Bautista Gombault y Cía y de Capdeboscq, Gombault y Cía llevan la inscripción "Pampa Central" y la fecha "1º de octubre de 1899".
Uno solo, de 10 pesos, está firmado, el resto de los que se conocen actualmente no llevan firma alguna, pero sí numeración. Los impresos a nombre de Larraburu no muestran lugar de emisión, pero debieron utilizarse seguramente en sus estancias de la provincia de Buenos Aires. Aunque no tiene fecha, ella es la misma de los anteriores.

El final
Las acciones de Larraburu no pasaron desapercibidas ni para la Justicia ni para la prensa de la época. El poderoso terrateniente y su hijo no pudieron desvincularse de la muerte de un contador que supuestamente los había traicionado. “Millonarios, ladrones y asesinos” tituló La Razón un artículo en el que se describe el caso del contador.
En octubre de 1918 el diario La Epoca publicó una nota que precisaba que por “la muerte de Maresca, se investiga a un hacendado conocido que en dos ocasiones anteriores estuvo sometido a la justicia de instrucción en dos procesos sensacionales : bajo la inculpación de substracción de expediente en la provincia de Buenos Aires en el año 1901 el primero y de falsificación de sellos y defraudación al fisco el segundo últimamente”.
La Nación, La Prensa y el periódico Bahía Blanca también mencionaron el caso. “Años después, la pérdida de un juicio a que fue sometido por la malversación de unos campos que administraba en Energía, zona cercana a Necochea, determinó la decisión de huir a Chile, donde vivió una vida de lujos, de inviernos en Tacna y de amistad con los círculos presidenciales”, precisó Etchenique en su investigación.
El sábado 8 de diciembre de 1944 un remate de tierras en la Capital Federal, ponía fin al pequeño feudo de un hombre cuya historia hoy se ve desvirtuada por el paso del tiempo. La firma Giménez y Zapiola remataba ese día 5.555 hectáreas divididas en 4 fracciones de las propiedades que la familia de Juan Bautista Larraburu poseía en esta región.
Los campos rematados comprendían 3.911 hectáreas del casco de la estancia La Otomana, 845 de Santa Clara y 634 de La Clemencia, además de un lote de 153 hectáreas ubicado frente al Camino Viejo de Necochea.
Estos datos aparecen en un aviso publicitario publicado en Ecos Diarios el 9 de diciembre de 1944.

Artículo publicado en el suplemento dominical de Ecos Diarios

Juan Jose Flores

Acerca de Juan Jose Flores -

Dibujante, periodista, blogger y escritor. Recientemente publicó en Amazon, en formato electrónico, la novela Horror en Colonquelú y la antología Cuentos para leer en el smartphone.

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