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24 de julio de 2006

Juan José Flores

Nuestra Tribuna, periódico anarquista y femenino

Juana-Rouco-Buela
La aventura editorial de Juana Rouco Buela es única en la historia. Entre los años 1922 y 1925 editó el único periódico internacional anarquista conocido, escrito y dirigido por mujeres. Y esa aventura comenzó justamente en Necochea, donde fundó, junto a un grupo de colaboradoras, Nuestra Tribuna.
Pero esa publicación, que se redactaba y publicaba en nuestra ciudad, era hasta hace unos meses, poco más que un mito, ya que del periódico sólo quedaba el recuerdo. Los 39 números de Nuestra Tribuna no se conseguían en la Argentina, sólo en hemerotecas del exterior.
Sin embargo, una investigación realizada por la investigadora Elsa Calzetta y publicada por la Editorial de la Universidad del Sur, bajo el título "Nuestra Tribuna-Hojita del Sentir Anárquico Femenino", recupera ese material.
El libro, de tirada reducida y distribuido por la universidad, recopila cada uno de los ejemplares del periódico restaurados, microfilmados y digitalizados.
Pero la recuperación de este material fue una aventura casi tan arrojada como la publicación de aquel periódico de ideas libertarias a principios del siglo XX.

Regreso del olvido
La investigadora bahíense Elsa Calzetta, que en estos días se encuentra en España, comentó a Ecos Diarios que la inspiró en su búsqueda la idea de "darle a estas mujeres un espacio en nuestra memoria, ser releídas y valoradas".
"Juana Rouco, un personaje que por sí sólo amerita una novela, eligió Necochea como sede para la publicación del quincenario, luego de una larga gira por el país; allí encontró a un grupo de mujeres comprometidas con la tarea, como en ningún otro punto del país", señaló la autora.
"Tal es así que, cuando el comisario Varela, hermano del general responsable del genocidio en la Patagonia, la asedió hasta obligarla a trasladarse a Tandil, el quincenario comenzó a decaer, ya que nunca logró reunir un grupo de redacción como el inicial", precisó.
Calzetta descubrió esta publicación a partir de las investigaciones que realizó al tratar de responder una pregunta que la preocupaba desde hacía tiempo: "¿Las mujeres no escribíamos hasta mediados del siglo XIX?"
"Y así fui descubriendo a éstas que debieron afrontar muchísimas dificultades por ser mujer y como si fuera poco, ¡anarquistas!", afirmó.

Preguntas sin respuestas
La incógnita de la autora surgió en el año 2000, cuando se arma un grupo de investigación formado por gente de la Universidad Nacional del Sur y de la Escuela de Artes Visuales, dirigido por Ana María Zubieta, de la Universidad de Buenos Aires. El tema era "Representación del hambre y la marginación en el arte, durante las tres primeras décadas del Siglo XX".
"Me interesé por textos de mujeres, que en principio parecían ausentes de la literatura, a excepción algunos nombres conocidos", comentó Calzetta. "Había en mi casa una revista bahiense 'Arte y Trabajo' (publicación de 1916/1945) con algunos textos femeninos, firmados con seudónimos", explicó la autora.
Se preguntó entonces por qué ocultarían su nombre aquellas periodistas. ¿Por ser mujeres? ¿por tener ideas políticas que las comprometieran? ¿De ser así, cuáles eran estas ideas?
La búsqueda de respuestas comenzó en la biblioteca Bernardino Rivadavia de Bahía Blanca. "Sigo en otras bibliotecas socialistas y anarquistas. Moro de Justo había hecho un buen trabajo sobre escritoras socialistas. Muzzilli había sido tenida en cuenta por algunos investigadores, así que descarto esta corriente, ya que voy interesándome por algunas pistas sobre mujeres anarquistas, que para mí eran desconocidas", precisó.
"En ese año, la Universidad de Quilmes edita 'La Voz de la Mujer, Periódico comunista-anárquico'. Y el asunto ya me atrapó sin regreso, no pude escapar", concluyó.

La búsqueda
"En mi ciudad hubo una trayectoria anarquista interesante y algunas bibliotecas personales con algún material. Si bien no figuraban textos femeninos, las personas que entrevisté pudieron indicarme dónde seguir buscando", comentó Calzetta.
Pero la búsqueda no fue fácil. "Yo tenía que convencerlos de que mi interés no era discriminar, ya que el anarquismo, si bien acepta la marginación de la mujer, no comulga con algunos postulados feministas: la mujer pelea junto al hombre y las ideas van más allá de los postulados de género", indicó.
"Allá iba yo navegando por aguas casi desconocidas, intentando saber qué es lo que buscaba y con qué iba a encontrarme", recordó. "Nunca supe, hasta años más tarde, que me estaba encontrando conmigo, pero ésta es otra historia. Sí te digo que este sondear en aguas profundas me ha marcado y ya no soy la misma, no importa si para mejor, pero sí para saber más de mí y de este mundo".
Elsa se conectó entonces con la Federación Libertaria Anarquista (FLA) en Buenos Aires. "Estas personas están muy maltratadas y necesitan, para luego entregar su corazón sin reservas, garantizar que no sos un chanta, a partir de ser anunciado por alguien de su confianza. Pero, claro, una vez cumplido el requisito, te alojan en sus casas, te dan lo que tienen, te demuestran con los hechos que la solidaridad es más que una palabra olvidada en los diccionarios".
Fue en esas circunstancias que descubrió algunos personajes que habían dejado una profunda impronta en el anarquismo argentino: Juana Rouco, Lucce Fabri o Inés Pavón.
"Por la autobiografía de Juana 'Historia de un ideal vivido por una mujer', publicado por Editorial Reconstruir, en1964, me entero de que se habían publicado los 39 quincenarios de Nuestra Tribuna", precisó Elsa.

Una mujer llamada Poema
"El berretín había encontrado su norte, ahora no había más que seguir por instinto, las huellas del naufragio. La Federación me dio la dirección de Poema Cardella, hija de Juana y allá voy", dijo la investigadora.
"Poema me aloja en su casa y me ofrece todo lo que había conservado de su madre. Me dejó husmear en una gran caja con cartas, fotografías, poemas, plumas cucharita, recortes de diarios y un álbum que Juana armó con recortes de publicaciones suyas, en diferentes diarios, que debió conservar por relevarlas entre otras", dijo.
Elsa le preguntó a Poema por Nuestra Tribuna y supo que los diarios que Juana conservó durante toda su vida, habían desaparecido.
"Al morir su madre, los entrega a la FLA, pero allí se perdieron, seguramente durante la última dictadura militar. Inútiles fueron las veces que revolvimos en las cajas que la FLA tenía con el material existente: los diarios están perdidos", señaló.


Escribir contra
los prejuicios

Mientras investigaba para el libro "Nuestra Tribuna-Hojita del Sentir Anárquico Femenino", Elsa Calzetta, preocupada por saber qué escribían las mujeres a mediados del siglo XIX, comenzó a cartearse con Carlos García, de la Fundación Anselmo Lorenzo, en Madrid.
"El me hizo llegar dos direcciones, la de Sara Berenguer, en Francia, activa luchadora en la Guerra Civil Española (quien me envió un ensayo escrito por ella sobre Juana Rouco y uno de sus libros de poemas) y la de Martha Ackelsberg, investigadora norteamericana (quien me envió uno de sus libros: 'Mujeres Libres, anarquismo y lucha por la emancipación de la mujer', Virus editorial, Barcelona, 1999)", señaló Elsa.
La primera conclusión de la investigadora bahíense fue que "las mujeres escribían venciendo todas los prejuicios y prohibiciones. Algunas como lo expresan en Nuestra Tribuna, lo hacían con timidez y asombro, descubriéndose en la tarea, capaces; otras con la fuerza de un terremoto, imparables y desafiantes".
"En la Biblioteca Nacional no encontré más que tres o cuatro nombres (entre los que figura el de Juana Rouco con su autobiografía) pero están éstas, las que como las de Nuestra Tribuna, vivieron la época de nuestras abuelas, una vida pública acotada y vigilada por los prejuicios reinantes, pero atreviéndose a resistir", concluyó.


La búsqueda sin fin
Pero la historia no había terminado allí. "La gente de la FLA me da un mail, del Institute of Social History de Amsterdam, Holanda, donde se conservan las publicaciones anarquistas, a partir de una iniciativa del conocido anarquista J. Nettlau", recordó Elsa.
"Me comunico con Kees Rodemburg, actual director del instituto, que afortunadamente habla mejor que yo el castellano. Puestos en comunicación, le pido que busque los periódicos y al tiempo me los envía en un microfilme", confirmó.
Transcurría el año 2003, pero cuando parecía que la búsqueda había terminado, el correo jugó en contra: el primer envío se perdió. "El paquete nunca llegó a mi casa, el paquete fue devuelto, sin ser enviado a Bahía Blanca", dijo Elsa.
"Me costó mucho hacer entender a Kees este extravío, pero vuelven a enviarme el tesoro y de aquí en más la peregrinación fue encontrar quien pasara el microfilm a CD, porque si bien pude leerlo en una máquina que tiene la biblioteca Rivadavia, era todo un trastorno solicitarla, ocuparla en los horarios disponibles y no obstante que hice fotocopias, el material fue deficiente, con lo que en un principio leí los 39 quincenarios en copias casi ilegibles", precisó la investigadora.
A fines del año pasado, se realizó un CD y luego la Universidad del Sur publicó el libro en una tirada de 200 ejemplares que fueron distribuidos por esa institución entre bibliotecas y medios especializados.

Más info:
Biografía de Juana Rouco Buela
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