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24 de enero de 2018

Juan José Flores

Platos voladores sobre Necochea

Ovnis en Necochea en 1950
En su edición del domingo 26 de marzo de 1950, el ya desaparecido diario La Región publicaba en la última página un pequeño recuadro con un artículo cargado de ironía: "También en Necochea se avistó un plato volador".
La nota señalaba que algunos vecinos habían visto el día anterior, alrededor del mediodía, "un rayo luminoso muy parecido a un plato volador".
"El fenómeno celeste persistió hasta poco después de las 16 horas", agregaba el artículo, que luego de estos pocos detalles sobre el "avistamiento", ironizaba: "platos voladores son una realidad, menos costosos que los platos reales que sirven en algunos hoteles de por aquí".
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2 de diciembre de 2017

Juan José Flores

Historia de Necochea: la persecución a los masones

En su libro “Crónica del Partido y Ciudad de Necochea”, Egisto Ratti escribió sobre la masonería en Necochea y sus vínculos con la fundación de la ciudad.
También hace referencia al motivo de la desaparición de la masonería de la vida pública de la ciudad en los años 30.
“El 17 de septiembre de 1930, la Policía secuestra los archivos de la logia local, clausurando el templo y encarcelando a la mayoría de los hermanos. Otros vientos soplan en la ciudad, vientos que simpatizan con el gobierno de Uriburu entonces y con los de Musolini, Hitler y Franco, luego; gobiernos que al igual que el de Stalin, prohibieron las actividades masónicas.
“Había terminado una época en Necochea, pero no su espíritu. La semilla de la tolerancia religiosa, racial, de nacionalidades, fructificó. Daneses, españoles, franceses, italianos, vascos, griegos (para no nombrar sino a las colectividades principales) y argentinos son aquí un sólo pueblo, y con otras variadas nacionalidades están hermanadas. Los templos católicos, adventistas, baptistas, mormones, luteranos, presbiterianos, levantan cruces en cercana hermandad; en cuanto al judaísmo, elevó desde una eventual sinagoga sus preces, y los ortodoxos griegos suelen oficiar en la católica capillita del puerto…”
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22 de noviembre de 2017

Juan José Flores

Historia de Necochea: La gran goleada

En el año 1923 se disputó uno de los partidos con resultado más abultado de los que se tenga registro en el fútbol de Necochea. Se disputó en la Manzana Escolar, entonces campo de juego de Rivadavia.
Jugaron las segundas divisiones de Ameghino “B” y Sportivo Rosario, este último recién fundado.
El partido se definió por 18 goles a cero a favor de los verdes de la avenida 58.
Y el resultado pudo ser peor, ya que Entrocasso, arquero de Sportivo Rosario, atajó un penal, evitando así el 19 a 0.
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13 de junio de 2017

Juan Jose Flores

Manuel Guerrico, el 'dueño' de Quequén

Manuel José de Guerrico
(Fuente: Archivo Histórico Biográfico Quequenense).- Un artículo publicado hace varios años en el blog Archivo Histórico Biográfico Quequenense recupera algunos textos escritos por Guillermo Madero sobre un personaje emblemático para la historia de Quequén: Manuel José de Guerrico, propietario de las tierras donde hoy se encuentra la ciudad.
"Manuel José de Guerrico para algunos fue un héroe, para otros uno de los culpables de nuestro pobre presente, teniendo en cuenta que esta ciudad tenía todo para poder ser una de las más importantes de la zona", señala la nota.
Luego reproduce textos del libro “Capítulos de Historia”, de Madero, para realizar una semblanza del terrateniente que en algún momento apoyó económicamente a Rosas. "El primer propietario y poblador de estos campos donde está el puerto de Quequén fue don Manuel José de Guerrico, quien compro al Estado, según títulos de fecha 6 de septiembre de 1836, un “terreno” de 8 ½ leguas de extensión, situada sobre la costa del mar entre el arroyo El M oro y el rió Quequén", escribió Madero.
"Después en diciembre de mismo año, Rosas, entonces gobernador de Buenos Aires, le dona 3 leguas mas de campo las cuales totaliza Guerrico 11 ½ leguas de extensión global. Esas tres leguas cedidas por Rosas a Guerrico fueron en pago de los aportes que Guerrico había efectuado con anterioridad para equipar al ejercito con que Rosas efectuara su campaña del desierto en 1832 y formaban parte de las 60 leguas que por ley le fueron donadas a Rosas por su obsecuente cámara de representantes", añade.
"Fue Guerrico un hombre progresista y muy vinculado con las personalidades destacadas de su época", define Madero, quien también revela el interés del terrateniente porque se construyerá una ciudad en la desembocadura del Quequén, en sus tierras.
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Leer artículo completo en: http://archivoquequen.blogspot.com.ar/2010/10/capitulos-de-historia-guillermo-madero.html
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6 de marzo de 2016

Juan Jose Flores

Larraburu, un terrateniente que acuñó sus propios billetes

Patagua
En el año 2000, el hoy fallecido historiador y escritor pampeano Jorge Etchenique presentó una ponencia en las Primeras Jornadas de Historia del Delito en la Patagonia, que se realizaron en la ciudad de General Roca.
En ese trabajo de 17 páginas titulado “Delito, medio social e institucional en el oeste pampeano”, Etchenique hacía referencia a algunos conocidos bandoleros del siglo pasado en La Pampa. Lo llamativo de aquella investigación es que uno de los personajes centrales es alguien muy vinculado a Necochea: el estanciero Juan Bautista Larraburu.
Etchenique señala que la ambición de extender sus propiedades llevó a Larraburu a “combinar acciones legales e ilegales en distintas dosis. Claro, la misma práctica los llevó no sólo a embaucar al Estado sino a comerciantes, otros hacendados y a utilizar la violencia contra ganaderos vecinos o puesteros molestos”.
Precisa que en la década de 1880 se afincó en nuestra región, donde se alió a “Victor Tiret, Pedro y Juan Capdebocqs, Luis y Juan B. Gombault y otros en quienes advirtió un similar grado de impaciencia por abandonar la medianía de la pirámide social”.
En su afán de hacer fortuna rápida, Larraburu y sus socios fueron “delineando una cadena de casas de comercios en sitios claves. Estos “boliches” estaban instalados en campos propios o bien arrendados que a su vez subarrendaban haciendo grandes diferencias. En estos campos colocaban hacienda, de tal manera que el 70 % de la producción – por ejemplo lanares - quedaba para la sociedad y el 30 % restante lo pagaban con billetes Larraburu, de validez exclusiva en los almacenes propios”, señala Etchenique en su investigación.

Los billetes
Larraburu confeccionó tres emisiones privadas de vales o billetes, una a nombre propio y las otras dos en los de "J. Bautista Gombault y Cía." y "Capdeboscq, Gombault y Cía."
Todos tienen los mismos diseños; su retrato de tres cuartos perfil derecho, un dios Mercurio con caduceo, símbolo del comercio y una vista de su almacén de ramos generales "El Pito". El frente fue impreso con tinta negra sobre un fondo de seguridad de color; el dorso del color base del frente aunque con tono más subido.
Observamos allí un gaucho al galope con boleadoras y acompañado de un perro que ocupa el centro del diseño; arriba una cabeza de caballo y a izquierda y derecha un vacuno y un lanar. Figuran también, dentro de circulitos, las marcas para ganado de "El Pito", "La Otomana", "El Aduar", "El Odre", "Eder y Cía." y "La Hebrea".
Los billetes están limitados por un marco de seguridad cuyas cuatro esquinas rematan en ornamentos; su valor se expresa en pesos moneda nacional. Fueron impresos en La Plata en los talleres de Sesé y Larrañaga de la calle 47 esquina 9, pie de imprenta que se repite en el frente y dorso. Los ejemplares a nombre de J. Bautista Gombault y Cía y de Capdeboscq, Gombault y Cía llevan la inscripción "Pampa Central" y la fecha "1º de octubre de 1899".
Uno solo, de 10 pesos, está firmado, el resto de los que se conocen actualmente no llevan firma alguna, pero sí numeración. Los impresos a nombre de Larraburu no muestran lugar de emisión, pero debieron utilizarse seguramente en sus estancias de la provincia de Buenos Aires. Aunque no tiene fecha, ella es la misma de los anteriores.

El final
Las acciones de Larraburu no pasaron desapercibidas ni para la Justicia ni para la prensa de la época. El poderoso terrateniente y su hijo no pudieron desvincularse de la muerte de un contador que supuestamente los había traicionado. “Millonarios, ladrones y asesinos” tituló La Razón un artículo en el que se describe el caso del contador.
En octubre de 1918 el diario La Epoca publicó una nota que precisaba que por “la muerte de Maresca, se investiga a un hacendado conocido que en dos ocasiones anteriores estuvo sometido a la justicia de instrucción en dos procesos sensacionales : bajo la inculpación de substracción de expediente en la provincia de Buenos Aires en el año 1901 el primero y de falsificación de sellos y defraudación al fisco el segundo últimamente”.
La Nación, La Prensa y el periódico Bahía Blanca también mencionaron el caso. “Años después, la pérdida de un juicio a que fue sometido por la malversación de unos campos que administraba en Energía, zona cercana a Necochea, determinó la decisión de huir a Chile, donde vivió una vida de lujos, de inviernos en Tacna y de amistad con los círculos presidenciales”, precisó Etchenique en su investigación.
El sábado 8 de diciembre de 1944 un remate de tierras en la Capital Federal, ponía fin al pequeño feudo de un hombre cuya historia hoy se ve desvirtuada por el paso del tiempo. La firma Giménez y Zapiola remataba ese día 5.555 hectáreas divididas en 4 fracciones de las propiedades que la familia de Juan Bautista Larraburu poseía en esta región.
Los campos rematados comprendían 3.911 hectáreas del casco de la estancia La Otomana, 845 de Santa Clara y 634 de La Clemencia, además de un lote de 153 hectáreas ubicado frente al Camino Viejo de Necochea.
Estos datos aparecen en un aviso publicitario publicado en Ecos Diarios el 9 de diciembre de 1944.

Artículo publicado en el suplemento dominical de Ecos Diarios
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28 de septiembre de 2015

Juan Jose Flores

Hugo del Carril en Necochea

Hugo del Carril en Necochea
En los primeros día de 1981, la ciudad, próxima a cumplir 100 años, bullía de actividad. Apenas transcurridos unos minutos del año nuevo, llegó el “primer turista del Centenario”, que fue sorprendido en la entrada de la localidad y recibió un regalos y un reconocimiento.
El año comenzó también con una intensa actividad artística y quedó en la historia local como uno de los veranos con mayor presencia de músico, actores y humoristas de los que se tenga memoria.
Entre los espectáculos que inauguraron la temporada, se encontraba “Buenas Noches Necochea”, que podía en cartel a Hugo del Carril, Amelita Vargas y Agustín Magaldi hijo.
Los necochenses se podían cruzar también en la calle a José María Vilches, Enrique Liporace, Betiana Blum, Diana Maggi, Chela Ruiz, Malvina Pastorino, Juan José Camero y Eduardo Rudy.
El caso de Hugo del Carril era muy particular. El cantante regresaba de Colombia, donde había participado con gran éxito de un homenaje a Carlos Gardel. Sin embargo, según el mismo explicaba en una entrevista con Ecos Diarios, en la Argentina se le prohibía trabajar.
Su enorme talento como cantante, actor y director de cine no lo salvó de ser prohibido y perseguido por su ideología política. Por eso, en aquella entrevista publicada en Hola Verano el 9 de enero de 1981, Del Carril afirmaba que quería radicarse en Colombia porque estaba cansado de las persecuciones.
Horas antes el artista había tenido que suspender una de sus presentaciones. “Solamente sentí una descompostura de estómago que se fue acentuando y finalmente no me permitió actuar”, dijo para tranquilizar a su público.
Del Carril se presentaba en un local de la avenida 79 y la calle 6, nada menos que junto a Amelita Vargas, la Reina del Mambo.
“Yo soy nativo de uno de los barrios más lindos de Buenos Aires el barrio de Flores y ahí fue donde comencé las primeras correrías tangueras, en serenadas, en reuniones de amigos, en algún bodegón para entretener a la gente”, comentaba en una larga entrevista.
Nacido en 1912 como Piero Bruno Hugo Fontana, pero pronto se hizo conocido como Hugo del Carril. En 1937 fue contratado para interpretar el tango Tiempos viejos en la película “Los muchachos de antes no usaban gomina”.
En aquellos años también participó en las películas Madreselva, La vida es un tango, Gente bien, El astro del tango y La vida de Carlos Gardel.
En 1945, junto a Libertad Lamarque actuó en La cabalgata del circo, en la que aparecía Eva Duarte.
A fines de la década del cuarenta, tras vivir unos años en México, regresó al país y filmó Pobre mi madre querida e Historia del 900.
Si bien Del Carril era radical, apoyó fervientemente al peronismo. Dijo alguna vez: “Los sueños de mi padre y de mi abuelo, los cristalizó Perón. Entonces: ¿cómo puedo dejar de ser peronista?”.
Fue por eso que grabó Los muchachos peronistas, que pronto se convirtió en la marcha del movimiento y marcó definitivamente su futuro artístico: “La grabé por convicción y por pedido expreso del general Perón, aún sabiendo que sería más recordado por la marcha que por los tangos que he grabado”, afirmó después.

El perseguido
“La vida del profesional es bastante amarga”, señaló Hugo del Carril aquel verano de 1981 en Necochea. Culpaba de sus amarguras a esas “voluntades absurdas” que le impedían trabajar en el país. “Ya estoy demasiado hastiado de todo. Es demasiada persecución, son 25 años de persecución”, afirmaba.
“Cuando no es un gobierno, es el otro y como todos los gobiernos se han aburrido de mi, a mi vez yo me aburro de los gobierno”, dijo Del Carril, que pese a todo afirmaba: “De todas maneras soy peronista”.
Pero los problemas políticos de Del Carril no habían empezado con los gobiernos militares, sino dentro del mismo gobierno peronista, cuando el subsecretario de Difusión y Prensa Raúl Alejandro Apold prohibió su película El río oscuro, basada en la novela del militante comunista Alfredo Varela.
Del Carril se había ganado la enemistad de Apold tras negarse a cantar en un acto. Luego Apold lo acusó de cantar en Uruguay el día de la muerte de Eva Perón y como consecuencia de ello Artistas Argentinos Asociados le rescindió el contrato.
La Revolución Libertadora que derrocó a Perón y llevó a Del Carril a la Penitenciaría Nacional. Sus películas se prohibieron. Un año más tarde fue detenido una vez más.
En 1975 filmó su última película, Yo maté a Facundo y luego, con la llegada de la dictadura militar, volvió a ser prohibido.
“Yo ya no les voy a dar mucho trabajo a los gobiernos, pero los gobiernos tampoco me va a dar muchos dolores de cabeza a mí. Mi propósito es irme del país y no se si para siempre. Y como ‘al enemigo que huye, puente de plata’, espero no tener obstáculos para cumplir ese objetivo”, explicaba Del Carril en aquel enero de 1981.
El cantante y actor quería radicarse en Colombia. “Lo vivido hace poco tiempo allí en un homenaje a Carlos Gardel, me revitalizó bastante, porque me hizo sentir otra vez en mi medio, sin oposiciones de ninguna naturaleza, tuve un buen recibimiento y me encontré con un ambiente mucho más favorable para el tango que aquí. Lo que no es raro porque desde hace muchos años la gente allí es muy afecta al tango”, señalaba.
Pero tal vez aquel verano de 1981 fue uno de sus últimos años de gran actividad. En 1985 recibió el Premio Konex y en 1986 fue nombrado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.
En 1988 sufrió un infarto de miocardio y luego de recuperarse le realizaron un homenaje el Luna Park. Falleció el 13 de agosto de 1989.

Artículo publicado en el Suple Finde de Ecos Diarios
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