18 de diciembre de 2004

Admin

El Hotel Marino de Necochea recupera su esplendor

Hotel Marino
El Hotel Marino es un fiel exponente de la época en la que se fundó la ciudad de Necochea y algunos pioneros comenzaron a descubrir que las playas, ubicadas a unos tres kilómetros del lugar de fundación, podían convertir a la pujante población en un balneario de características únicas en el país.
Entre aquellos visionarios se encontraba José Marino, un hotelero que en 1887 inauguró en nuestra ciudad el Gran Hotel de la Amistad, en la esquina de lo que hoy es avenida 59 y 64.
Dos años más tarde comenzó a alquilar el hotel El San Sebastián Argentino, fundado por don Julián Azúa, quien es hoy considerado el pionero del turismo en nuestra ciudad.
En 1896 los Marino compraron La Perla General Díaz Vélez, un hotel de madera ubicada en la avenida 2 y 79, frente al monumental Hotel Necochea.
MarinoPero como la clientela crecía, Marino debió comprar lotes en 4 y 79, a fin de construir un hotel acorde a la demanda de los veraneantes, que en aquella época se instalaban en la ciudad durante varias semanas.


Anchorena, Güemes, Santamarina, Drago Mitre, Klapenbach, Fernández Poblet, Irigoyen, Paglieri, Pinasco, Dobranich, Sahores, Pellerano, Egaña, Cobo, Lavalle, Cullen, eran algunos de los apellidos destacados de aquellos veraneantes de fines del siglo XIX y principios del XX.
Así, en aquella época inolvidable, se levantó el Hotel Marino, que hoy, a 94 años de su construcción, está siendo refaccionado para ingresar en su primer siglo de existencia con todo el esplendor de sus primeros años.

Volver al pasado
Marino
Al pasar por avenida 79 y calle 4, se nota, además de las refacciones hechas en su fachada del establecimiento, que en la chapa de la entrada ya no aparece la típica chapa con estrellas que identifica la categoría del hotel. Su actual administrador y concesionario, el empresario Jorge Apreda, se ha propuesto convertir al Marino en el primer "hotel temático" de nuestra ciudad.
Este tipo de hotelería, de moda en Europa, permite a los visitantes hospedarse en edificios históricos, conservados como en los años de su construcción, austeros en su confort, pero con los privilegios que sólo pueden ofrecer los viejos hoteles.
El monumental edificio, construido en tres etapas: en los años 1910, 1929 y 1950, tiene alrededor de 3.600 metros cuadrados cubiertos y 100 habitaciones, que incluyen desde simples (con una sola cama) hasta departamentos y suites.
Cuenta con dos jardines, un restaurante con capacidad para 320 personas, cocina, panadería, sala de juegos, solarium, una sala de exposiciones, un bar y un taller de artes plásticas.
"En ningún hotel de la ciudad uno abre una puerta y se encuentra con una galería, con el sol y el aroma de las plantas", explicó Apreda, para tratar de dar una idea de lo que puede ofrecer este hotel temático.
Además de esas características, que hoy no se pueden encontrar ni en los hoteles de Necochea ni en la mayoría de los establecimientos hoteleros del mundo, ingresar al edificio de 79 y 4 es como realizar un viaje en el tiempo.
Marino
El hotel comenzó a ser refaccionado hace 10 meses. De las 100 habitaciones, cuando lo tomó Apreda, sólo funcionaban 23, porque el resto habían quedado inhabilitadas por el desgaste del tiempo.
En los últimos meses, arreglaron los techos, se repararon cielorrasos y se restauraron pisos de madera, además de mobiliarios, lámparas, cañerías e instalaciones eléctricas.
No obstante, se realizó un trabajo a conciencia e ingresar a las habitaciones de la planta baja, que dan sobre la calle 4 y 79, es como volver a 1910, el año en que se inauguró ese sector del hotel, construido bajo la dirección del legendario constructor José Pucciarelli.
En esas habitaciones no sólo se pueden encontrar los lavamanos típicos de esa época, sino las persianas de teca originales y muebles antiguos que hoy valen miles de dólares.

Las refacciones
"Yo no conocía el hotel. Siempre lo veía de afuera, como lo ve el 95 por ciento de los necochenses", comentó Jorge Apreda. "Porque, además, Pocho Marino, que fue quien lo mantuvo durante muchos años, no permitía visitas. Y el restaurante era sólo para los pasajeros".
Hace tres años, el empresario se puso en contacto con la familia Azorín, propietaria actual del Hotel Marino. Lo tentaron para que se hiciera cargo del establecimiento, pero él se negó durante mucho tiempo a aceptar el desafío.
Hace un año y medio visitó por primera vez el edificio y quedó asombrado por la magnitud de la construcción, que se realizó en tres etapas: 1910, 1929 y 1950.
Si bien en ese momento el Marino estaba destruido, Apreda comenzó a analizar la posibilidad de invertir en la refacción del edificio para convertirlo en un hotel temático.
Si bien quienes pasan por la esquina de 79 y 4 notan las tareas de limpieza realizadas en el frente, no pueden imaginar las obras realizadas en los últimos 10 meses en el interior del edificio.
El salón del hotel, que tiene 18 metros por 26, piso de incienso, lámparas y mobiliario original de 1910, por ejemplo, tenía enormes agujeros en el techo, que era de chapas de cartón. También el piso estaba dañado.
En tanto, las 100 habitaciones del hotel se han refaccionado para que recuperen sus características originales. Así, los pasajeros podrán disfrutar habitaciones decoradas de acuerdo a las épocas en que fueron construidas, suites y departamentos.
"En un principio contamos con la colaboración de la arquitecta María Juez, pero la mayor parte de las tareas fueron de restauración", comentó Apreda.

Un hotel histórico
Marino
Hasta hace 30 días, no se pensaba restaurar la cocina del hotel, que tenía el cielorraso desplomado. Pero entonces se sumó al proyecto el chef Pichu Oxagaray y se decidió extender las obras hasta ese sector. Sin embargo, debido a las medidas de seguridad vigente, se decidió adecuar las dependencias y se instaló un cielorraso de materiales modernos. "Es el único lugar donde no se han respetado los materiales originales", explicó Apreda.
En ese sector, se utilizará una sala para que comience a funcionar allí el Museo de Arte Moderno de nuestra ciudad, que todavía no tiene espacio físico. "Este verano también expondrán aquí artistas internacionales", dijo el empresario.
Además, será habilitado un taller de artes plásticos, que funcionará en las antiguas habitaciones donde se hospedaba el personal del hotel, que venía de Buenos Aires. Y también un bar, que tendrá entrada por la calle 4. Allí los visitantes podrán ver la única casilla que queda del antiguo balneario La Perla.
De esta forma, el Hotel Marino ofrecerá la posibilidad de hospedarse en nuestra ciudad como en la primera mitad del siglo XX, maravillarse con la monumentalidad de su construcción y las reliquias que se guardan entre sus paredes.
Incluso la folletería con la que se promocionará el respetará el diseño de los años 30, en la que se destacaba: "Sus habitaciones, casi en su totalidad a la calle, gozan de excelente ventilación, sus terrazas y jardines interiores ofrecen espléndidos sitios para tomar sol".
El 18 de diciembre, con la Fiesta de Gala de Necochea, organizada por la Cámara Comercial e Industrial, el hotel abrirá sus puertas, para recibir, por primera vez, a muchos necochenses que siempre lo han visto de afuera, pero no imaginan el lujo y la monumentalidad de su interior.

Sitios relacionados: www.laperlahotelmarino.com.ar

ACTUALIZACION: Este artículo fue publicado en 2004, en la actualidad el hotel fue adquirido por UATRE y se encuentra cerrado, ya que se realiza una importante obra de restauración

--
👉Si te gustó este artículo, por favor colabora y compártelo mediante los botones de redes sociales que aparecen abajo
Leer mas

7 de diciembre de 2004

Admin

Los tripulantes del Graf Spee

Graf Spee

El Almirante Graf Spee, uno de los acorazados de bolsillo de la armada alemana, es recordado aún hoy por haber protagonizado una de las batallas navales más legendarias de la Segunda Guerra Mundial. La Batalla del Río de la Plata, en la que el buque alemán combatió contra varias naves inglesas, se produjo entre el 13 y el 17 de diciembre de 1939, y no tendría mayores connotaciones para la historia local si no fuera porque varios hechos ocurridos años más tarde, relacionan a sus tripulantes con nuestra ciudad.
Si bien estas historias están más cercanas a la leyenda que a la realidad, han alimentado durante años el imaginario popular de nuestra región. Desembarcos de jerarcas nazis en las playas necochenses, estafas millonarias, fugas y casamientos en nuestra ciudad, vinculan a varios de los sobrevivientes del acorazado con Necochea.



A poco de comenzar la Segunda Guerra Mundial, el alto mando alemán ordenó a su marina llevar el conflicto a las aguas del Océano Atlántico, a fin de evitar que llegaran, desde Estados Unidos, armas y alimentos a Inglaterra y los países que resistían la invasión.
La directiva Nº 1 era muy clara: "La Marina alemana llevara a cabo su propia actividad bélica contra las unidades mercantes y su principal objetivo serán los buques ingleses."
Para esa época, Alemania, como consecuencia de las restricciones impuestas por el Tratado de Versalles, había desarrollado los acorazados de bolsillo y, entre ellos, el Almirante Graf Spee, que se encontraba en el Atlántico Meridional en septiembre de 1939, su comandante era el Capitán de Navío Hans Langsdorff.
Una vez recibida la autorización de iniciar la aventura corsaria, Langsdorff decidió trasladarse al Atlántico Sur donde podría interceptar las rutas comerciales
El buque tenía una tripulación compuesta por 44 oficiales y 1.050 suboficiales y marinos. Podía navegar a 26 nudos y tenía una autonomía de 19.000 millas.
Contaba con dos torres, cada una con tres cañones de 280mm, y un blindaje de 140mm en la superestructura y partes vitales. El armamento secundario estaba compuesto por ocho torres de 150mm/cuatro por banda, además de armamento antiaéreo, seis tubos lanzatorpedos de 533mm y dos hidroaviones tipo Arado.
A las 13, del 30 de septiembre de 1939, el Graf Spee avistó su primer buque, el Clement de bandera inglesa. La tripulación fue obligada a abandonar el barco, no sin que antes radiara su posición, y el mismo fue hundido.
El Almirantazgo Británico ordenó la salida de unidades de guerra con el fin de dar caza al corsario. El 5 de octubre el buque alemán hundió otro barco y en noviembre, en el Océano Indico sumó su cuarto blanco.
Después de efectuar otros hundimientos y recibir reabastecimiento, el Graf Spee escapó al buque de guerra inglés que lo perseguía desde septiembre.
Pero el 13 de diciembre, cambió su suerte: después de haber barrido infructuosamente la costa africana, avistó un buque que creyó era un mercante, pero al acercarse se encontró con el crucero inglés Exeter, seguido del Achilles y el Ajax.
El acorazado alemán podía enfrentar fácilmente a la formación inglesa, pues sus cañones principales de 280mm tenían un alcance de 28 kilómetros, mientras que la mayor de las unidades inglesas, el Exeter, sólo alcanzaba 24 kilómetros. Por eso, la estrategia de Langsdorff sería mantener alejado al mayor de la formación con los cañones principales y martillar los otros buques con el armamento secundario.
Al día siguiente, los tres buques ingleses estaban seriamente dañados, mientras que el Graf Spee continúa intacto. El Exeter se retiró hacia las Islas Malvinas, mientras los otros dos buques siguieron combatiendo. Langsdorff debió abandonar la zona a toda máquina y aprovechar sus cañones para perderse, sin embargo no lo hizo y decidió entablar batalla nuevamente.
Al caer la noche, Langsdorff revisó el buque y tomó la determinación de refugiarse en el puerto más cercano para reparar averías. A las 22.13 del 14 de diciembre, el Graf Spee entró en Montevideo.
Fue su perdición, mediante sus espías, los ingleses infiltraron y engañaron a los alemanes, que creyeron que mantendrían la superioridad bélica al salir del puerto.
Pero en realidad se encontraba rodeado por destructores, cruceros y un portaviones. El 16, Langsdorff telegrafió al alto mando: "Bloqueo nocturno muy estrecho. Ninguna esperanza de poder huir hacia mar abierto y abrirme camino hacia la patria"
El 17 de diciembre, el Graf Spee abandonó el puerto, después de haber desembarcado la mayoría de la tripulación. A las 18.15, cuando se esperaba que combatiera, se estacionó a la vista el puerto y se produjo una gran explosión, que echó a pique el buque.
Langsdorff había hundido el acorazado para que no cayera en manos enemigas. Tres días después se suicidó.

La historia y los mitos
Antes del hundimiento, la tripulación fue traspasada al buque mercante alemán Tacoma, llevada a mar abierto y embarcada en unidades pequeñas que la llevaron a Buenos Aires.
El 22 de diciembre de 1939, 1.055 marinos del Graf Spee llegaron al puerto de Buenos Aires. El destino de estos hombres despertó no pocos mitos y fue obsesión de investigadores y curiosos. Las fugas permanentes, el retorno de muchos de ellos al frente de combate y la participación en actividades de espionaje rodearon a la historia de misterios.
Apenas llegados al país, los marinos recalaron en distintos puntos del país. La isla Martín García fue el destino de unos 300 oficiales y suboficiales, que después serían trasladados a otros destinos. A Mendoza fueron cien marinos, primero a casas particulares y después a un viñedo en Carrodilla. Córdoba fue uno de los destinos más importantes. Allí fueron unos 250, que recayeron en distintas localidades, aunque la mayoría quedó al principio en una casona de la calle Santa Rosa, en la capital provincial. A Santa Fe fueron trasladados otros 200 y el resto a las provincias de San Juan y Buenos Aires
El destino de los marinos enviados a nuestra provincia fue el viejo hotel de Sierras de la Ventana. Y allí se comienzan a entretejer los hechos verídicos con la fantasía que generaron las misteriosas historias que aún hoy se cuentan en nuestra región sobre los tripulantes del Graf Spee.

Leyendas lugareñas
Una de esas historias está vinculada con otras que también han hecho volar la fantasía lugareña: las incursiones de submarinos nazis en las playas de Miramar, Necochea, San Cayetano y Tres Arroyos.
En su libro "Odessa al Sur", el escrito Jorge Camarasa especula que el jefe de la Gestapo, Heinrich Muller, llegó a la Argentina en 1945 en un submarino con el objetivo de organizar la fuga de varios tripulantes del Graf Spee internados en el viejo hotel de Sierra de la Ventana.
Según los datos recogidos por Camarasa, Muller desembarcó desde un submarino frente a las costas de Orense en 1945. Le contaron que "el pesquero de altura Ottolenghi lo había trasladado hasta Necochea, y que de allí se había ido a Coronel Pringles para organizar las fugas de los marinos del Graf Spee que estaban internados en el viejo hotel de Sierra de la Ventana".
No obstante, otra historia parece contradecir la idea de reclusión en la que vivían los marinos alemanes en Sierra de la Ventana. Es un artículo publicado en la primera página de Ecos Diarios el 29 de septiembre de 1945.
La nota dice: "Un ex tripulante del acorazado alemán de bolsillo Graf Spee, que fuera hundido en aguas del Río de la Plata (...), ha resuelto casarse en nuestra ciudad".
"El marino de referencia se encuentra actualmente internado en Sierra de la Ventana, conjuntamente con varios compañeros más, en cumplimiento de las medidas dispuestas por el gobierno nacional con los ex tripulantes de la citada nave", agrega.
"Según nuestros informes, su prometida, a quien conoció en Bahía Blanca, se encuentra en Necochea desde hace dos meses. El ex marino alemán ya ha efectuado los trámites previos para contraer enlace, habiéndose presentado hace unos días a la oficina del Registro Civil, con el propósito de inquirir detalles acerca de los recaudos legales que debían llenar, ausentándose luego para Sierra de la Venta, de donde regresará antes de la fecha señalada para la boda".

Alemanes jugadores
Otra de las historias que circulan sobre los alemanes del Graf Spee tiene vinculación con el casino de Mar del Plata. Allá por la década del 50, seis señores de aspecto correcto y nada rumboso comenzaron a frecuentar las salas de juego y a tomar nota de los resultados de todas las bolas que se jugaban en seis mesas.
Tenían pinta de extranjeros, más bien de alemanes, y con seriedad germánica persistieron en la tarea durante, por lo menos, dos temporadas, incluidos los fines de semana invernales. No jugaban un solo peso.
Un día comenzaron a apostar en dos mesas y siguieron haciéndolo, turnándose, durante todas las horas en que el casino funcionaba. Parecían hacerlo a suerte y verdad y el personal de las mesas no detectó sistema de juego o martingala alguna.
Después, investigados por las autoridades, los alemanes contaron que habían ganado una verdadera fortuna y que no estaban dispuestos a devolverla porque era bien ganada.
Lo que sí explicaron era la operatoria. Dijeron que en la etapa preparatoria habían estudiado el desgaste producido en los cilindros portadores de la rueda de la ruleta, desgaste que hacía que los números de un sector de la rueda, recibieran la bolilla más asiduamente que los otros.
La organización montada por los alemanes del Graf Spee causó sensación entre los "martingaleros", sin embargo, se cree que el sistema no fue inventado por ellos, sino por un peluquero necochense de apellido Bartolucci.
Aquella historia comenzó después de que se anularon las concesiones a mediados de la década del '40 y los casinos pasaron a manos estatales.
Las ruletas, que estaban funcionando en Río Hondo, fueron trasladadas a Necochea donde Bartolucci, sistemista de diaria concurrencia, se dio cuenta de la frecuente salida de ciertos números. Sospechando y luego comprobando el "pandeo" de ciertos cilindros de las ruletas, empezó a jugarlos con éxito.
Al tiempo estos cilindros son trasladados a Mar del Plata y el astuto peluquero los siguió y los identificó inmediatamente. La mujer del peluquero que jugaba aburrida en una de las mesas que le indicaba su marido, entró un día en conversación con la mujer de un alemán que le admira su "suerte".
La mujer del peluquero le comentó que no sabía por qué salían tanto los números que le indicaba su marido...
Esas son sólo tres de las historias que envuelven de misterio a los tripulantes del Graf Spee. Poco se sabe en realidad sobre estos hombres, aunque el paso del tiempo rodeó sus vidas de misterios. Lo cierto es que la mayoría de ellos hicieron una vida normal y volvieron a la Argentina después de haber sido repatriados a Alemania. Incluso algunos se quedaron a vivir en el país, tal como lo demuestran los datos aportados por los lectores en los comentarios (más abajo).

Lea aquí: Todos los artículos del Graf Spee del blog

Multimedia:
Video sobre la Batalla del Río de la Plata (en inglés)





Video del hallazgo del águila imperial del Graf Spee en el Río de la Plata.




Fotos: http://www.everystockphoto.com

Agradecimientos:
Al licenciado Hernan Schneider, por aportar la lista de tripulantes completa, y a Hugo R. Sochi, por la información sobre los marinos internados en Mendoza.
Leer mas

6 de diciembre de 2004

Admin

Lucía Arribas: una necochense en Francia


Fotos www.art-arribas.com

Lucía Arribas es necochense, pero vive en Europa desde hace 11 años. Allí descubrió que su verdadera vocación era el arte, estudió en la Universidad de París, trabajó en cine y en televisión y realizó exposiciones de pintura.
Pero en nuestra ciudad, la mayoría de sus ex compañeros de colegio y conocidos, no saben que ella ha elegido la pintura como su forma de vida. Cuando Lucía de fue de Necochea, después de terminar el secundario, iba a cursar Ciencias Económicas en Buenos Aires.
No tardó en descubrir que esa no era su vocación. Algunos inconvenientes personales la impulsaron a tomarse unas vacaciones en Europa.
Fue en Londres, durante un recital de U2, que descubrió que tal vez sería mejor no volver al país. Viajó a Francia y, gracias a su tío que es director cinematográfico, comenzó a trabajar en el mundo del cine.
"Yo hice todos mis estudios artísticos en Francia, en la Universidad de París VIII", comentó Lucía, que durante su adolescencia en Necochea nunca se había acercado al arte y dedicaba su tiempo libre a practicar las más diversas disciplinas deportivas. "Empecé con el cine, hice video arte e instalaciones. Después me volqué a las artes plásticas. Comencé a hacer caligrafía china y después de siete años en París, me fui a Londres un año y medio".
Allí trabajó con dos periodistas: el corresponsal del diario Le Monde y el de El País. Este último se transformó en un amigo y un maestro que le ayudó a descubrir su verdadera vocación.
"Mi paso por Londres me sirvió para afirmarme como artista y para pintar", comentó. Precisamente la novia de este periodista fue quien se transformó en su mecenas durante seis meses.
En ese período, pudo preparar dos exposiciones y decidió volver a Francia. "En ese momento conocí a alguien que acababa de comprarse una casa en Normandía y que necesitaba una persona que la ocupara para que no se viniera abajo y yo necesitaba un lugar para pintar", comentó. Así que volvió al país galo con sus pinceles y pinturas y decidió radicarse allí.


El idioma del arte


Actualmente vive en Vire, una pequeña ciudad de Normandía, desde donde viaja habitualmente a París, ya que no ha dejado de trabajar en la televisión.
"Este trabajo me permite ser independiente como pintora, ya que no me veo obligada a pintar lo que está de moda, tengo mucha libertad", dijo Lucía, que estuvo unos días en nuestra ciudad.
Precisamente en Necochea es el único lugar donde puede tomarse unas vacaciones, ya que en Francia dedica todo su tiempo a la pintura y su trabajo en la televisión.
"Acá vuelvo a vivir como antes de irme a Europa. Es el único lugar donde casi no pienso en el trabajo", manifestó la pintora. Aunque durante sus días en Necochea aprovechó para tomar algunas imágenes en video para un proyecto de documental sobre polo en la Argentina.
Pese a que Lucía sigue trabajando en las artes audiovisuales, para ello lo primero es su pintura. "No dejo que me arrebaten el tiempo, mi prioridad son mis cuadros. El cine o la televisión es una fuente de ingresos que me da independencia", señaló.
"Mis objetivo es la pintura. Ahora tengo una propuesta para ir a trabajar a Nueva York y hacer un art-book, que es un libro plástico", dijo Lucía. "Si sale el proyecto, iría seis semanas a Estados Unidos".
Si bien ese proyecto no es pictórico, ella comenta que "el artista está siempre tratando de expresar su visión del mundo e intentando transmitirla".
"Por los cuadros podemos comunicar, pero hay cosas que se entienden mejor por escrito", precisó la joven, que hace cuatro años está trabajando en ese libro. La obra "habla de un lenguaje universal".
"Yo tengo la profunda convicción de que la gente se puede comunicar aunque no hable el mismo idioma", dijo la artista, que cuando fue a vivir a Francia no hablaba una palabra de francés.
En estas horas, vuelve a Europa, pero uno de sus proyectos es regresar pronto a la Argentina, a quedarse un tiempo, y exponer en Necochea, donde mucha gente no sabe que ella pinta.



Leer mas

3 de diciembre de 2004

Admin

El libro de Lina

"Alguien tiene un talismán" es el título del último libro de la poeta, pianista y fotógrafa artística Lina Caffarello, presentado en Capital Federal por Febra Editores.
En su segundo libro (el año pasado había presentado "Suma y resta"), recurre a fragmentos de lo cotidiano, a lo etéreo y lo mítico, para construir versos mínimos, cargados de protesta contra la realidad que asfixia las almas de los poetas.
Leer mas