Tiempo atrás un trabajo sobre el Acorazado Graf Spee me llevó a leer sobre un personaje que ya en la infancia me había fascinado: el conde Spee.
Recuerdo que mi padre tenía un libro en el que se narraba la historia de la Batalla de Malvinas. Lo que no recordaba de aquella historia era que Spee murió durante la batalla, al igual que todos los hombres de la escuadra que comandaba, incluyendo a sus dos hijos varones.
Spee fue considerado un héroe por los alemanes, que le impusieron su nombre a uno de los acorazados de la clase Deutschland.
El conde Spee fue un guerrero feroz, que no dudó en dar su vida y la de sus 2.000 hombres para cumplir su misión. Tras el inicio de la Gran Guerra, en julio de 1914, Maximilian Von Spee al mando de la Escuadra de Asia Oriental, se dirigió hacia América del Sur a través del Pacífico.

Luego de bombardear Papeete, el 22 de septiembre y hundir el torpedero francés Zelee.
El 1º de noviembre el vicealmirante Spee se enfrentó a la 4ª Escuadra de Cruceros de la Marina Real británica en la denominada Batalla de Coronel, en Chile.
En el férreo combate, la escuadra de Spee hundió a los cruceros ligeros Monmouth y Good Hope, que se fueron a pique con 1.600 hombres, entre ellos el comandante inglés, contraalmirante Christopher Cradock.
En Chile, la comunidad alemana recibió al conde Spee y a sus hombres como héroes.
En el Club Alemán de Valparaíso le brindaron una recepción y le regalaron un ramo de flores. Spee, con cierto pesimismo, dijo que las flores quedarían bien su tumba y dejó claro que estaba preparado para lo peor.
“No deben olvidar que soy una persona sin hogar”, afirmó. “No puedo llegar a Alemania, no tenemos un puerto seguro. Debo luchar por abrirme camino a través de los mares del planeta haciendo todo el daño que pueda, hasta que se me acabe la munición o un enemigo muy superior consiga capturarme. Pero lograr eso les costará muy caro a los desgraciados”.
Días más tarde, el 8 de diciembre de 1914, la escuadra de Spee se enfrentó a los cruceros de batalla Invincible e Inflexible en la Batalla de Malvinas.
El combate, en el que los ingleses querían vengar a los muertos en Coronel, no fue menos cruento. Tanto la nave de Spee, el Scharnhorst, como los otro cuatro buques: el Gneisenau, Leipzig, Nürnberg y Dresden, fueron hundidos. Dos mil doscientos alemanes, entre ellos Spee y sus dos hijos, murieron combatiendo.
Veinticinco años más tarde, el crucero pesado Admiral Graf Spee, bautizado así en homenaje al comandante de la Escuadra de Asia Oriental, fue echado a pique en el estuario del Río de la Plata.
Las paradojas del destino hicieron que el comandante del acorazado fuera Hans Langsdorff, un marino que en su infancia había sido vecino del conde Spee y que ingresó a la marina para seguir los pasos de su héroe infantil.
Sin embargo, Langsdorff no es recordado por su ferocidad en combate, sino por su caballerosidad. En el inicio de la Segunda Guerra Mundial, el acorazado Admiral Graf Spee hundió nueve buques mercantes ingleses sin matar un solo hombre.
Hay quienes sostienen que en la Batalla del Río de la Plata, en la que el acorazado enfrentó a tres buques británicos de menor porte, Langsdorff pudo haber aplastado a sus enemigos, pero una campaña de desinformación de los ingleses lo decidió a hundir al Graf Spee para que no cayera en manos de los aliados.
Langsdorff se suicidó tres días después envuelto en la bandera de combate del acorazado. Algunos dicen que lo hizo por honor. Otros sostienen que se mató por orden de las autoridades nazis.

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