Los tipos se sientan a mirar desde el otro lado de la calle. 
Doña Gertrudis sabe que son peligrosos. Son muy jóvenes y tienen un brillo en los ojos que ella conoce bien: harían cualquier cosa por demostrar su hombría ante los otros. 
Cada día se sientan allí y la vigilan. Ella sabe que en algún momento cruzarán la estrecha franja de asfalto, saltarán la verja, tirarán la puerta abajo y se meterán en la casa. 
Doña Gertrudis sabe que atacarán en los días que ella cobra la jubilación. Le dirán: "Vieja, quedate quieta y no te va a pasar nada". O le gritarán: "Danos la plata si no querés que te peguemos un tiro". 
Sabe que es cuestión de tiempo y espera el momento. Ya casi no duerme. 
Ellos están día y noche sentados en el cordón de la vereda. Fuman, toman vino o cerveza. Y la miran. 
Cuando ella pasa, dejan de hablar o susurran, para que no los escuche. 
Pero no necesita escuchar sus palabras para saber que la acechan. 
Se sienten seguros, piensan que será una presa fácil. Ella se encierra temprano. Pone trabas en las puertas y le quita el seguro al revolver...

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Este texto pertenece al libro Cuentos para leer en el smartphone de ©  Juan José Flores. Todos los derechos reservados. No se permite la reproducción total o parcial de esta obra - Imagen: PXHere.com

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