Se empujaron, se apretujaron un poco, mezclando sudores, y amenazaron con golpearse, con sus manos pequeñas y sucias. Pero no se animaron, aunque los pibes del barrio los incitaban para que se partieran los labios a trompadas y se hincharan los ojos.
    Pero no era para tanto. Pedro tenía nueve años y Oscar ocho, aunque el más pequeño era más alto. Si hubieran sido amigos tal vez se habrían golpeado, pero lo único que había entre los dos era indiferencia.
    Años después se volvieron a cruzar, en el pasillo de una comisaría. Oscar iba esposado, escoltado por dos policías. Pedro esperaba en un rincón, para efectuar una denuncia.
    No se reconocieron. O al menos no lo demostraron. Pedro volvió a casa y Oscar pasó esa noche y los próximos diez años encerrado en una celda.
    Ninguno de los dos supo que sus destinos se habían mezclado una tarde en una canchita de fútbol: que era Pedro el que debía estar en la celda y Oscar libre. La historia habría sido diferente si uno de los dos hubiera arrojado el primer golpe.

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Este texto pertenece al libro "Cuentos para leer en el Smartphone", de ©  Juan José Flores. Todos los derechos reservados. No se permite la reproducción total o parcial de esta obra | Ilustración: Pixabay

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