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5 de abril de 2004

Un gendarme argentino en Kosovo

(NECOCHEA).- "No cambio a la Argentina por nada", afirmó Alberto Medina. Tiene motivos para decirlo, estuvo durante seis meses en Kosovo, integrando una unidad especial de la Gendarmería al servicio de las Naciones Unidas. Allí no sólo conoció las costumbres de los kosovares, también tuvo que compartir tareas con efectivos de fuerzas de otras 47 naciones y pudo apreciar las bondades del ser argentino.
"Aprendí que hay lugares donde están mucho peor con nosotros, porque se matan por un pedacito de tierra", explicó el gendarme, que estuvo destinado en Prizren, una ciudad kosovar cuya población es de origen albanés.
Las diferencias culturales, religiosas y los odios ancestrales entre albaneses y serbios hizo que ese pequeño territorio, similar al de la provincia de Tucumán en extensión, se convirtiera en un verdadero infierno durante la guerra que se desató a mediados de los 90 en esa región del planeta.
Medina llegó al lugar junto a una delegación integrada por 115 gendarmes argentinos, luego de pasar por una rigurosa selección.

Los elegidos
Alberto Medina nació hace 31 años en San Cayetano. Sus padres, Alberto y Celia viven actualmente en cercanías de Energía, aunque él hace 13 años que ya no reside en la región.
Su ingreso a la Gendarmería lo llevó a distintos lugares de la Argentina y también a otros países. Estuvo en Colombia, Chile, Uruguay y Paraguay como chofer del Ministerio de Defensa.
"Hace mucho que yo quería ir a la ex Yugoslavia o a algún otro país en alguna misión", explicó Alberto. Pero no reunía las condiciones. "Porque hay que tener conocimiento de tareas antidisturbios, que se logra en los destacamentos móviles de Gendarmería".
Así que pidió el traslado e ingresó a una unidad móvil. Después se anotó para viajar al exterior. "Hubo 1.200 postulantes de los cinco destacamentos", indicó Alberto.
"Se hizo una preselección y quedamos 130, que fuimos a Mercedes a realizar un curso de adiestramiento de las Naciones Unidas", manifestó. Finalmente, fue uno de los 115 gendarmes que integraron el contingente destinado a Kosovo.
Si bien hacía mucho tiempo que esperaba esa posibilidad, nunca se imaginó lo que iba a encontrar en Kosovo. "Si bien estuve en otros lugares, esto fue totalmente distinto", afirmó.
"Esperaba ver un país después de una guerra, destruido, con edificios derrumbados, pero no lo que encontré", indicó.
Encontró el rechazo de los pobladores hacia todos los integrantes de las fuerzas extranjeras, cualquiera fuera su bandera. "Nos consideraban invasores", explicó.
Medina no pudo entender las costumbres de los albaneses, que por su religión, continúan considerando a las mujeres como seres inferiores.

Vivir la diferencia
Pese a las diferencias y el rechazo, Medina comentó que los kosovares enseguida relacionan a los argentinos con su máximo jugador de fútbol. "Oh, argentino, Maradona", le decían cuando los gendarmes les explicaban de donde iban.
"Y últimamente también nos relacionan con Manu Ginóbili, porque en la ex Yugoslavia son todos fanáticos del básquetbol", precisó.
Además, los habitantes de Prizren se asombraban de las cantidades de carne que compraban los argentinos. "La carne es carísima, cuesta 12 euros el kilo. Es como comer caviar y nosotros íbamos y pedíamos 20 kilos. Ellos nos preguntaban para qué queríamos tanta y le teníamos que explicar que era para hacer asado", contó.
Tampoco la relación con los contingentes de otros países tampoco fue fácil en todos los casos. "El estadounidense se cree superior", explicó. Aunque después, sin poder ocultar su satisfacción explicó que le demostraron a los norteamericanos que no todo era como ellos creían. Los argentinos los derrotaron en la cancha de voley y también en una caminata. Los triunfos fueron más que elocuentes.
La relación con los alemanes ("no les sacás una sonrisa") tampoco fue fácil. Diferente resultó con los italianos, españoles, africanos, hindúes y otros contingentes.
Las tareas desarrolladas por Medina en Kosovo incluyeron allanamientos, controles de ruta, traslados de detenidos y algunas otras tareas que no puede revelar.
Si bien la gente del país no le gustó, sí disfrutó del paisaje y sueña con volver a ese lejano problemático territorio. Aunque también existe la posibilidad de viajar a Haití.
Pero antes, tendrá que pasar por el altar, ya que en los próximos días va a casarse con María Antonia, una joven de Goya, Corrientes, que conoce las exigencias de su vocación.