12 de noviembre de 2005

Juan Jose Flores

Perón, dictador profesional


Yolanda J. Vacca de Uzal dice que ella nunca hubiera podido ser diplomática. Y a pesar de sus 79 años y su aparente fragilidad, es una mujer de profundas convicciones, que no teme a decir lo que piensa, aunque esto pueda incomodar a algunos. Hace unos meses publicó un libro, que ya desde su título debió haber producido un sobresalto en un sector de nuestra sociedad: "Juan Domingo Perón, dictador profesional".
A pesar de lo que el título pueda sugerir, la autora sostiene que no expone en él sus ideas sobre el peronismo. "Es un libro en el que Perón habla", afirmó.
Se trata de un fragmento de las investigaciones desarrolladas por la autora a lo largo de una década. En esos años trajinó la Biblioteca del Congreso de la Nación, los archivos de los diarios La Nación y La Prensa y leyó miles de páginas sobre historia argentina.
Ya había publicado hace unos años un libro sobre los 218 días que permaneció detenida por sus ideas políticas en 1953. Afiliada radical y militante desde los 17 años, no era su intención con este libro vengar los padecimientos, sino mostrar una realidad que, según su opinión es desconocida para un importante sector de la sociedad.
"Para las últimas generaciones esta etapa de la historia argentina es totalmente desconocida", explicó Yolanda Vacca de Uzal. Por eso este año decidió publicar el libro, por sus propios medios, ya que ninguna editorial quiso editarlo.
"El objetivo es que la gente sepa que Perón nos gobernó desde el 43, no desde el 46", manifestó la autora.

De puño y letra
El libro está compuesto de fragmentos de leyes, extractos del Boletín Oficial, discursos y noticias extraídas de diarios de la época. Todo ello, permite conocer los pensamientos y la doctrina de Perón.
La autora sostiene que "decretos logrados durante el gobierno de facto transcurridos entre junio de 1943 y el momento de asumir él como presidente constitucional en 1946 los traslada prácticamente sin modificaciones para que el Congreso de la Nación los consagre como leyes de la nación".
"Perón no dictará, a partir de ahora, muchos más decretos: ya los había dictado y puesto en vigencia antes y seguirán vigentes ahora sólo que como leyes de la nación", escribió.
Según la escritora, "muchas de las leyes que sancionará en el futuro, en su contenido y en sus fundamentos, se remitirán seguramente a estas 'leyes de la nación' que no son otra cosa que los decretos de tres años de gobierno de facto, años en los que el pueblo no tuvo ninguna intervención porque no votó, no estuvo representado".
"El lector podrá decir que en febrero de 1946, Perón fue elegido por el voto popular; pero yo le pregunto: ¿qué armas usó Perón en su campaña proselitista para llegar al poder?". Esto le permite afirmar que "Perón llegó al gobierno haciendo el proselitismo bajo el amparo de esos decretos del gobierno de facto".

En busca de la verdad
Para realizar su investigación, Yolanda Vacca de Uzal viajó incluso a Montevideo, donde encontró pistas que le faltaban para completar su investigación.
El objetivo de la autora era demostrar que detrás de la historia oficial de Perón, hay otra historia que las nuevas generaciones deben conocer y el resto de la sociedad reconocer, como explicó en la contratapa de su libro: "Pongamos una lupa sobre nuestra memoria, nuestros recuerdos y fundamentalmente sobre nuestras conciencias; tratemos de ver con claridad verdades que hemos vivido nosotros o nuestros padres y abuelos. Seamos honestos mientras indagamos, no disimulemos, no minimicemos ni exageremos".
La escritora quiere presentar el libro en nuestra ciudad en unos meses. Será el final de un arduo proceso de investigación que comenzó hace años y que aún no finaliza, ya que todavía tiene material para un tercer libro.
Pero mientras, sigue con su vida cotidiana. Ella sostiene que ha tenido una vida muy feliz. Recuerda a su esposo Francisco Uzal con un hombre de gran sabiduría, al que admiró mucho.
"He vivido el camino de las utopías", afirmó esta mujer que dijo haber encontrado el secreto de la felicidad en el desinterés material, los ideales y el amor.
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31 de octubre de 2005

Juan Jose Flores

Lupín


Lupín, el memorable piloto civil dibujado por Guillermo Guerrero, es motivo de una extensa nota en Tebeosfera, sitio web especializado en comics que tiene muy buen material sobre historietas argentinas.
La nota es la segunda parte de un informe más extenso sobre la aviación en la historieta y aunque el motivo de la misma es Lupín, en realidad es una extensa biografía del autor, que indudablemente se merece el homenaje.
Recuerdo haber descubierto Lupín en la infancia y desde entonces sentir fascinación por las publicaciones de electrónica, aunque nunca pude darme el gusto de aprender esa profesión...
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30 de octubre de 2005

Juan Jose Flores

Blanca Farías

En la década del 80, Blanca Farías ya escribía poesía, pero entonces estaba más abocada a la pintura, que cultivaba desde los 70. Fue recién a mediados de los 90 que decidió volcarse definitivamente a la literatura, a partir de su paso por el taller literario de María Cristina Martínez Teixans.
En los últimos meses, los miembros de ese taller lograron apoderarse de la carpeta de Blanca y convertirlos en un libro: La luz del faro, que será presentado hoy, a las 19, en un acto a realizarse en la Escuela Municipal de Artes de Necochea, "la Vieja Estación de Trenes", como le gusta llamarla a ella.
"Desde su iniciación en este combate, me impresionó la soberbia seriedad con que acometía contra sus borradores y múltiples versiones hasta alcanzar su definición", escribió Martínez Teixans en las solapas del libro.
Mujer callada, de origen humilde, pero espíritu indómito, esta balcarceña ha recorrido durante años el camino del trabajo artesanal y se vuelca a la escritura con la misma dedicación.
La luz del faro es su primer libro y también el primero que publica Acontramusa, el taller literario dirigido por Martínez Teixans.
El libro es el fruto del anegado trabajo poético de Farías de los últimos 10 años. "Yo siempre estaba preparando una carpeta, pero ya no pensaba en publicar un libro", comentó la autora.
Aunque Martínez Teixans le insistía que debía dar a conocer su trabajo, ella bajó los brazos. "En un momento dije: no voy a hacer nada", manifestó.
No obstante, tanto Cristina como los otros miembros del taller y algunos amigos insistían en que sacaran los textos de la carpetita y los publicara.
Finalmente, hace unos meses, decidió entregar la ajada carpeta y dejar a los miembros del taller la selección de textos. Así surgió el libro, cuya ilustración de tapa realizó su amigo Bruno Roeschlin y cuya impresión, casi artesanal, estuvo a cargo de la familia De Francisco, también amigos de siempre de la autora.

Dicen, digo, decimos
El primer texto es un indicio de lo que los lectores podrán encontrar a través de sus páginas. Se llama "Dicen digo decimos" y está basado en un diálogo real mantenido entre una periodista amiga de Farías y unos cartoneros.
En el prólogo de Martínez Teixans hay una sugerencia al lector que revela en parte la magnitud de la poesía de Farías: "Frente a una poeta de esta naturaleza y tanta envergadura, más aún si uno ha tenido la gracia de acompañar y ser testigo de su crecimiento, lo recomendable es, digo con Alonso: 'El arte de callar', el silencio y la escucha deleitada".
Quienes concurran hoy a la Vieja Estación de Trenes, podrán escuchar esa voz suave y tersa decir una poesía tan dulce, dura y embriagadora como la vida misma.
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25 de octubre de 2005

Juan Jose Flores

El hombre de la barra de hielo

Titanes en el Ring
Se acuerdan del hombre de la barra de hielo? No se hagan los desmemoriados, cómo no se van acordar de él si hubo hasta muñequitos de este personaje. ¿Qué ustedes eran muy chicos? Pero, por favor...
El tipo cargaba con una enorme barra de hielo y aparecía en mitad de los momentos más calientes de Titanes en el Ring. No me van a decir que ahora no se acuerdan de Titanes, el mejor programa de lucha de la historia de la televisión argentina, creado por el inolvidable Martín Karadagian.
No se hagan los pendex y hagan un poquito de memoria...
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9 de octubre de 2005

Juan Jose Flores

Un necochense en Madrid



Pese a las resonancias griegas de su nombre, Mirko Gantos, es bien argentino, y más precisamente bien necochense. Tiene 29 años y desde chico supo que se dedicaría a la gastronomía, que era el oficio que había aprendido de su familia. Por eso, cuando terminó el secundario se fue a estudiar esa especialidad a Buenos Aires y en la actualidad es jefe de cocina de un restaurante en Madrid.
Se fue del país la intención de "seguir estudiando y creciendo profesionalmente". No le fue difícil conseguir trabajo, "primero porque tenía mi documentación en regla y segundo porque en gastronomía hay mucha demanda y valoran la responsabilidad y los estudios".
Tampoco le resultó difícil adaptarse. "Para mí fue muy fácil ya que venía muy maltrato de Buenos Aires, y que gente de otro país te reconozca el trabajo es muy lindo". Sin embargo, explicó se deben cumplir con las exigencias.

Un pariente argentino
Mirko manifestó que en España "casi todos tienen un familiar argentino". Es por eso que con "nos quieren mucho y con nosotros son muy hospitalarios".
Sin embargo, dijo, la gente "es rara. Por un lado son muy parecidos a nosotros y por otro son tan diferentes".
Aunque en general no se trata mal a los inmigrantes, al crecer el número de extranjeros y "como no todos hacen las cosas bien", dijo Mirko, "a veces te hacen sentir la diferencia".
"Por suerte son los menos", explicó. En tanto, disfruta de las bellezas de Madrid y de la intensa actividad cultural de la capital española.
El restaurante donde trabaja está ubicado en medio de un parte y en verano se arma una gran terraza, con 125 mesas. Mientras que en invierno se puede disfrutar de un hogar a leña en medio del salón.

Volver a casa
No obstante, siempre se extraña Necochea. "La playa, el parque, los asaditos y sobre todo estar en casa. Acá uno nunca se termina de sentir en casa. Aunque no te falta nada, lo material no llena. Lo que se siente, es muy difícil de explicar".
En Necochea dejó a su madre, tíos y primos. También dejó a los amigos ("los que no se fueron"). En España vive bien, pero no como lo hace un español. "Tenemos distintas necesidades. Por lo menos yo no tendría dos trabajos para obtener más bienes materiales o haría trabajos que nunca hice en la Argentina, sólo para ganar más dinero".
A Mirko todavía le llama la atención el "consumismo y el desintegres general y las pocas ganas de progresar" de los españoles.
Por eso, si tuviera que volver a decidir entre quedarse en la Argentina o partir a Europa en busca de una oportunidad, no se iría. "En mi caso está muy claro, yo me vuelvo".
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11 de septiembre de 2005

Juan Jose Flores

El humanista

Juan Carlos Parsón pertenece a ese reducido grupo de personas que tiene el don de ver lo positivo de todas las cosas, aún de las que cualquiera calificaría como desgracias. "A mí me dio una mano el director del Colegio Industrial, cuando me echó de la escuela", dijo divertido.
Circunstancias como esa, fueron marcando a Parsón, que militante de izquierda en los 70, se convirtió en humanista, recorrió el país, vivió 15 años en Bolivia y cruzó el Mato Grosso en un desvencijado colectivo, antes de volver a instalarse en Necochea.
A los 54 años, como candidato a concejal por el Partido Humanista, se propone mover un poco las estructuras de la política local y crear espacios para los jóvenes. "Los viejitos nos tenemos que hacer a un lado y dejar a los chicos", dijo Juan Carlos.
Aunque en la adolescencia era conocido como "El Abuelo", en su sonrisa y en sus ojos se pinta una juventud eterna.

No a la violencia
En su voz hay cierto acento norteño, resabio de los años vividos en Bolivia. Llegó al vecino país luego de un largo peregrinaje por el nuestro.
Todo comenzó con aquella expulsión del Colegio Industrial y su radicación en Mar del Plata, donde terminó el secundario y obtuvo el título de Maestro Mayor de Obras, para luego ingresar en la Facultad de Arquitectura.
Eran años de violencia y Juan Carlos era militante del Frente Izquierdo Popular. Pero pronto la violencia que se respiraba en aquellos días, terminó por hacerlo dudar de sus principios.
"Abandoné la Facultad en tercer año, porque entre la bomba de las 4 y la bomba de las 3 era demasiado", bromeó. "Además, un día los montoneros me quisieron tirar del tercer piso por oponerme a que bajaran los de primer año a pelearse con los del CNU (Concentración Nacionalista Universitaria)".
Empezó a buscar un camino no violento. "Entendí que la violencia generaba un estilo de vida bastante grosero y que poco tiene que ver con el salto de cualidad que tiene que pegar el ser humano", manifestó.
Fue entonces que conoció a los militantes de un movimiento que en ese momento no tenía nombre, pero que todos llamaban "la cosa": el Humanismo.
"Estos son más locos que yo", dijo en ese momento y comenzó a criticarlos, pero descubrió que había que hacer algo contra la violencia, no sola la que reinaba en el mundo, sino también la interior. Y uno de los lemas de los fundadores del humanismo era: se trata de que te quieras con fuerza en un mundo más humano y más alegre.
Y prendió en él la alegría. Se fue a vivir a Trelew y luego volvió a Necochea, donde instaló un comercio que se llamó La Casa de las Gamuzas.
Pero en el año 92, de forma imprevista, volvió a recibir "una ayudita", esta vez de los ladrones. "Me robaron todo y tuve que cerrar el negocio e irme".

Depende, todo depende
"No hay bueno ni malo, sino que hay posibilidades de elección, siempre y cuando uno no esté en una situación límite. Porque para poder elegir hay que tener el estómago lleno", dijo Parsón, que tras verse obligado a cerrar su negocio, se fue a Bolivia.
En la Argentina participó en la fundación del Partido Humanista y vio la posibilidad de difundir sus ideas en Bolivia.
Al llegar al país vecino se contactó con conocido y le propusieron hacer un programa de radio: "Destapando la olla", que sólo salió dos veces al aire, recordó Parsón con una enorme sonrisa.
Trabajó en la formación de grupos y de líderes con la metodología de la no violencia, a la vez que incursionó en el periodismo como editor del suplemento "El Humanista", del periódico Post Meridium.
También instaló varias pizzerías, pero sólo se quedó con una, en la ciudad de La Paz, que no daba muchas ganancias. "Pero nos divertíamos muchísimo", explicó Juan Carlos, que regalaba porciones de pizza a personas de todas las edades que iban a pedir.
Así fue como surgió la idea de crear comedores infantiles con la colaboración de los clientes de la pizzería y formó cuatro. En tanto, seguí con su labor de consultor sobre la formación de líderes para empresas y el dictado de cursos y seminarios de motivación, autoestima y ludismo. Trabajó en la ciudades y en los pueblos, en sindicatos, escuelas y empresas.
Luego de perder a su esposa y preocupado por el clima de violencia que se vive en la actualidad en Bolivia, decidió volver a la Argentina. Aquí tiene tres hijos y un nieto.
Ahora es candidato por el Humanismo y está seguro de que si gana se va divertir. Y si no, también. Tal vez eso lo impulsaría a embarcarse en nueva aventura de descubrimiento.
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5 de septiembre de 2005

Juan Jose Flores

Juntos por la Vida


Aunque el VIH y el Sida llevan más de 20 años entre nosotros, no todas las personas son capaces de explicar cuáles son las diferencias conceptuales que existen entre estas dos palabras y muchas veces las confunden. Pero lo que es más lamentable, es que todavía hay quienes no saben como prevenir la infección.
Debido a ello, un grupo de necochenses formó hace seis años una entidad denominada Juntos por la Vida, dedicada a la difusión de información sobre el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y el Síndrome de Inmunodeficiencia adquirida (Sida).
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28 de agosto de 2005

Juan Jose Flores

La vuelta de Necochea



En los últimos días de marzo de 1963, un ensordecedor ruido de motores aceleró los corazones de los necochenses. Cuarenta y un pilotos se preparaban para largar la IV Vuelta de Necochea de Turismo Carretera. Pero no se trataba de una carrera más, todo indicaba que durante esa prueba se iba a superar la barrera de los 200 kilómetros por hora de promedio.
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21 de agosto de 2005

Juan Jose Flores

Muestra de Víctor Fernández

El pintor Víctor Fernández inauguró una exposición en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, de la ciudad de Buenos Aires. La muestra se denomina "Territorio de Cruces".
"Cuando el tiempo es capaz de detenerse, aquello que intima a la mirada, puede evocarnos otras puertas posibles de atravesar. Asumir esta predisposición necesaria para llegar a ese tiempo que no sabemos cuando ocurrió y ni cuando perecerá, a esos sonidos del silencio oculto que nos provee instantes ilimitados, es tal vez, una de las tantas invitaciones que nos propone Víctor Fernández con su obra", escribió Ernesto Morales, curador de la muestra, en la gacetilla que me envió por mail el propio pintor.
Se puede visitar hasta el 21 de septiembre, en calle Corrientes 1543, de lunes a sábados de 11 a 22 y domingos de 17 a 20.30.

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9 de agosto de 2005

Juan Jose Flores

Quequén, la ciudad que no fue


El 2 de diciembre de 1889, el agrimensor Eugenio Moy presentó los planos de la futura ciudad de Quequén, un faraónico proyecto que preveía el trazado de un ejido urbano que incluía 13 plazas, un parque público, hipódromo y una estación ferroviaria.
La iniciativa era parte del proyecto de la Compañía "Ciudad de Quequén", que pretendía construir una población en la desembocadura del río Quequén. Según una nota presentada por el representante legal de la firma, Alfredo Meabe, al ejecutivo provincial el 19 de julio de 1889, el objetivo de empresa era levantar "una gran ciudad y puerto" que contara con "todas las comodidades necesarias tales como la pavimentación, iluminación, mercados, una red completa de tranways, aguas corrientes y teléfono".
La compañía tenía como presidente a Hugo A. Bunge y su principal accionista era Manuel J. Guerrico, propietario de las tierras donde se efectuaría la urbanización.

Una ciudad colosal
El arquitecto Raúl Arnaldo Gómez Crespo escribió en su libro "El litoral sudeste bonaerense" que el diseño de Moy "era sumamente ambicioso, tanto por sus dimensiones como por su forma misma, muy semejante a la de la ciudad de La Plata".
La idea de la Compañía "Ciudad de Quequén" era crear una verdadera capital en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, según se desprende de los planos originales.
"El sector principal del amanzanado consistía en un damero, orientado a medio rumbo, de 24 por 24 manzanas de 100 metros por 100 metros cada una, separadas por calles de 20 metros", según el libro de Gómez Crespo. Dos avenidas de mayor ancho dividían este sector en cuatro secciones o cuarteles, cada uno de ellos recorrido por dos diagonales que se cruzaban en una plaza hexagonal.
"La ciudad proyectada tenía además una plaza central formada por cuatro manzanas, cuatro plazas menores, de una manzana, en los vértices de la cuadrícula, y otras cuatro romboidales en las medianas del perímetro", agrega el texto.
Pero esto es sólo el sector principal del ejido urbano de la ciudad imaginada por Moy. "El amanzanado se prolongaba hasta llegar a la margen del río, formando otras dos secciones, una de ellas de forma irregular, con 24 por 10 manzanas en su mayor extensión y la restante formada por dos triángulos, uno compuesto por unas 100 manzanas y otro de diseño pintoresquista", según Gómez Crespo.
La ciudad estaba rodeada de quintas de dos hectáreas y también una zona de chacras de cuatro y ocho hectáreas.
La zona medanosa de la costa, entre el ejido y las playas, se reservaba como parque público y se preveían los terrenos para el emplazamiento del hipódromo, en la esquina este del ejido, y de la estación ferroviaria, dentro del amanzanado.
El autor del libro, que tomó los datos del Departamento de Geodesia provincial, escribió que "en el plano, un letrero indicaba, al noroeste del ejido, una zona para futuras extensión de la ciudad".

Sólo en los planos
El Departamento de Ingenieros no presentó objeciones al proyecto, que fue aprobado por el gobierno de la Provincia el 2 de junio de 1890.
"El ferrocarril llegó a Quequén en 1892, y la estación se ubicó en el solar previsto en el plano de Moy", escribió Gómez Crespo. "Tres años después, en 1895, se inauguraba el gran Hotel Quequén, sólo comparable en envergadura al Bristol de Mar del Plata".
Sin embargo, debido a las dificultades económicas que debió enfrentar, la compañía no había esperado la aprobación de los planos para comenzar a vender solares y ya en diciembre de 1889 habían comprado tierras Julián Ortiz y Manuel García.
Precisamente debido a la situación financiera, el ambicioso proyecto de la compañía no llegó a concretarse. Sólo se respetó la parte del plano más próxima al río.
El plano definitivo, realizado en julio de 1906 por F. Segovia, respetó una de las diagonales del diseño de Moy, así como la posición de la estación ferroviaria y la cuadrícula de las dos secciones próximas al río, únicas amanzanadas en el nuevo proyecto.
El sector más pintoresco y un fragmento de parque se trazaron ortogonalmente, para completar 400 manzanas de las 900 del proyecto original.

Después del sueño
Según el libro de Gómez Crespo, "en 1912, aunque ya se habían iniciado muchas obras concretas en el terreno, todavía no se habían efectuado las reservas para usos públicos de acuerdo con el Departamento de Ingenieros. El 17 de enero se concedió a la compañía un plazo de treinta días, bajo apercibimiento de dejar sin efecto la aprobación del trazado".
Pedro Iturralde, nuevo presidente de la compañía, presentó el 22 de julio de ese año, una nota que respondía a los requerimientos y adjuntaba el plano de Segovia. Además, informaba sobre los inconvenientes que atravesaba la empresa.
"Fracasada esta empresa, los señores Guerrico retrotrajeron la propiedad de la tierra y sin abandonar la idea de formar una ciudad, disminuyeron sus proporciones para limitarla a una población balnearia", explicaba Iturralde en su nota.
"Hoy que se proyecta un puerto de aguas hondas, es posible que permita el ensanche y grandiosidad primitivas, pero mientras tanto debemos respetar los hechos existentes y llenar nuestra cometido como se establece en este plano, sujetándonos al cual hemos comprado, se han edificado varios y costosos chalets, casas de negocios y familia y algunas quintas", agregaba.
Entre los edificios construidos se encontraba una escuela, la iglesia, una casa para la comisaría y telégrafo. El templo religioso había sido puesto bajo la advocación de Nuestra Señora de la Merced y estaba habilitado desde 1911.
Algunos de los chalets que mencionaba Iturralde eran el Stella Maris, de la Compañía de Quequén, Villa Maris, de Juana de Spinelli, y El Arenal, de María Güiraldes de Guerrico.
En la misma nota, Iturralde informaba que la compañía "tiene construida por su cuenta y entregada al público, una usina de fuerza eléctrica para la iluminación de las principales calles".
Gómez Crespo explicó en su libro sobre la historia del litoral del sudeste bonaerense, que "la reducción del trazado introdujo demoras en la tramitación del expediente, pues la opinión de los funcionarios del Ministerio era que este proyecto debía ser tratado como uno nuevo, quedando sin efecto las aprobaciones anteriores".
"La principal dificultad consistía en que, según las disposiciones legales vigentes, el área total de reservas para edificios públicos debía calcularse en base a las superficie del amanzanado y del ejido, y el resultado era muy diferente si se aplicaban los porcentajes al plano de Moy o al de Segovia", agregó.
Según los datos recogidos por Gómez Crespo en su investigación, el 23 de diciembre de 1913 se aprobaron los nuevos planos presentados, pero el replanteo definitivo no se concreto, aunque el pueblo existía ya como un hecho construido.
En 1914, el pueblo tenía una población de más de 4.000 habitantes, un edificio municipal y otro de la Subprefectura, ambos de dos pisos, un gran hotel, una hermosa rambla, bares, confiterías y numerosos comercios, algunos muy importantes como los almacenes de ramos generales 'La Euskalduna', de Bilbao y Jaca, 'La Fundadora', de Ezequiel Gil, y 'El Fundador', de Baltasar Herrera. Entre los chalets, se destacaban los de Guerrico, Carballido, Pueyrredón, Carreras, González, Segura, Méndez y Bence.
El sueño de la Compañía Ciudad de Quequén comenzó a disolverse en julio de 1932, cuando fue declarada la caducidad del expediente por el motivo antes mencionado. "En 1934 el ingeniero civil Daniel C. Gowland realizó por fin el replanteo de la ciudad, que fue aprobado por el Gobierno provincial el 31 de marzo de 1938", concluyó Gómez Crespo.
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