29 de junio de 2014

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Antonio Noguera, la historia de Necochea y el Grito de Alcorta

Muchos artículos y notas sobre la historia de la ciudad suelen citar como fuente a don Antonio Noguera, quien en 1888 publicó el que algunos consideran el primer libro sobre la localidad: “Necochea, su historia, progreso y porvenir”.
En ese librito Noguera escribió por primera vez sobre el naufragio de El Filántropo y es tal vez de él la idea de que aquel accidente náutico dio origen al movimiento vecinal que culminó con la creación de la ciudad.
Gracias a él, por ejemplo, conocemos la obstinación y el espíritu visionario de Julián Azúa, el creador del primer balneario de la ciudad.
“Uno de los principales resortes que contribuyen a la riqueza natural de Necochea, es una hermosa y segura playa, desconocida hoy día para la mayoría de los turistas, a consecuencia de los incómodos elementos de comunicación que cuenta este joven pueblo”, escribió Noguera.
En la actualidad, a pesar del aporte realizado a la historia local, tanto la obra como la vida de Noguera son prácticamente desconocidas.
Se sabe que Noguera fue integrante de una de las primeras comisiones directivas de la Sociedad Española de Socorros Mutuos, en la actualidad la entidad más antigua de la ciudad.
Sin embargo, la historia local no deja registro de qué ocurrió después con Noguera y muchos podrían creer que vivió aquí hasta el fin de sus días, sin embargo, aquí su vida recién comenzaba, ya que al publicar el citado libro, apenas tenía 22 años.

Periodismo y política
Antonio Noguera nació en Palma de Mallorca, en noviembre de 1866, pero llegó a la Argentina con su padres en 1870.
En el colegio secundario tuvo como compañero a Roque Sáez Peña y en 1887 se casó con la también mallorquina Magdalena Llabrés, con la que poco después se trasladó a Necochea.
En nuestra ciudad nació Rafael, el primer hijo del matrimonio. Pero los Noguera no permanecieron mucho tiempo en nuestra ciudad. Su segundo hijo, Antonio, nació en Buenos Aires; luego Catalina, en Tucumán; Magdalena y Guillermo, en San Nicolás; y Josefa, Alejandro y Braulio, en Pergamino.
Fue precisamente en esta última localidad donde desarrolló gran parte de la actividad periodística y política, como uno de los impulsores de la primera huelga agraria nacional, conocida como El Grito de Alcorta.
En 1897 fundó el periódico El Imparcial, que al año siguiente pasó a llamarse El Heraldo y en 1906 se convirtió en el Nuevo Heraldo.
Noguera, que fue el primer afiliado al socialismo de Pergamino, utilizó sus periódicos como una tribuna para batallar contra el ideario conservador.
En el libro “El Grito de Alcorta: Historia de la Rebelión Campesina de 1912”, Plácido Grela escribió que Noguera “luchó contra los caudillos influyentes o no de la provincia de Buenos Aires. Soportó el empastelamiento de la imprenta donde se imprimía su hoja batalladora, pero continuó en la lucha hasta que en su pluma hubo una sola gota de tinta”.
Por su posición, Noguera fue perseguido, encarcelado e incluso amenazado. En una oportunidad un comisario lo hizo meter preso sólo porque el periodista supuestamente lo miró mal.
Fue alojado en un calabozo en condiciones inhumanas y fue golpeado brutalmente. Los mismos policías luego lo llevaron al hospital, ya que temieron que hubiera sufrido una conmoción cerebral.
Pero el enfrentamiento con los conservadores no terminó allí y un matón lo amenazó de muerte. Según contó su nieta Elsa Noguera, “el abuelo hizo la denuncia ante el comisario y éste le aconsejó que se defendiera como pudiera. El abuelo compró un revólver y cuando se encontraron (con Juan Bonifay) frente a la iglesia Nuestra Señora de la Merced, se tirotearon”.
El matón cayó muerto y, según Elsa, “varios testigos dieron fe que el abuelo disparó en defensa propia y, así, entró en la cárcel. Pero pronto salió en libertad”.

El grito
En marzo de 1911, con 44 años, el veterano periodista decidió retirarse y dedicarse a la agricultura. Para ello compró una pequeña chacra en inmediaciones de Pergamino, a la que llamó La Autonomía.
Sin embargo, la paz del retiro le duró poco. Se sumó inmediatamente como colaborador incondicional en la lucha por las reivindicaciones agrarias.
Junto a Angel Eugenio Bujarrabal, Francisco Bulzani, Juan Belotti y Francisco Capdevila, comenzó a organizar la que sería la primera huelga agraria nacional, que más tarde se conoció como El Grito de Alcorta.
Fue uno de los fundadores de la Unión de Agricultores de Pergamino y presidente del primer Comité Central de la Federación Agraria Argentina.
Pero, su ideología socialista, le jugó en contra y poco después fue desplazado del cargo. “Llegamos a la conclusión de que el único delito que cometió Noguera fue el de haber sido socialista”, escribió Plácido Grela.
Noguera volvió a Pergamino y a las labores agrarias y para sentar su posición, colocó una chapa en su carro que decía: “Sembrando ideas o sembrando papas, se contribuye a engrandecer la patria”.
Pese a ello, no se alejó de la política. En 1915 fue electo concejal suplente en Pergamino.
Un año más tarde se radicó en Buenos aires, donde continuó militando en Partido Socialista. Luego fue uno de los fundadores de la Asociación de Periodistas Socialistas.
Noguera falleció en Buenos Aires, el 7 de diciembre de 1918. Cuarenta años más tarde, Plácido Grela recordó su invalorable aporte a la lucha por los derechos de los campesinos en su libro sobre El Grito de Alcorta.
En diciembre de 1972, al cumplirse 75 años de la formación de la Federación Agraria Argentina, el municipio de Pergamino impuso su nombre a una de las calles de la ciudad. En tanto, la Federación, junto a Agricultores Federados Argentinos levantaron un monolito en el cementerio de Pergamino a la memoria del ex presidente de la FAA. En 2012, Rafael Restaino publicó el libro “Antonio Noguera, un periodista combativo”.

Artículo publicado en el suplemento Finde de Ecos Diarios
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Arminda y esa irrefrenable necesidad de escribir

Arminda
Maestra jardinera, periodista, escritora, poeta… Arminda Ballestracci es ante todo un espíritu inquieto. A los 86 años está más activa que nunca, dedicada a escribir, algo que ha hecho desde niña.
Por estos días la desvela un cuento que ya comenzó a redactar, pero que no sabe muy bien como terminará. También corrige una poesía que quiere presentar en un concurso literario local.
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23 de junio de 2014

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Pepe Cruz, la pasión de un actor

Nada indicaba que Pepe Cruz se dedicaría al teatro. En la infancia, lo suyo era la música. Contagiado de la pasión de su padre, el pequeño Pepe comenzó a estudiar acordeón con José Falcone cuando sólo tenía 6 años. Pero el acordeón era muy grande, por lo que Pepe, al igual que su hermana, siguió con clases de piano, hasta obtener el título de profesor.
Con el paso del tiempo, ya en la adolescencia, tuvo una banda que se llamaba Aquí, allá y en todas partes, muy influenciada por los Beatles. Además, de integrar varias bandas de música típica y jazz.
Pepe asegura que fue precisamente por su temprana incursión en la noche, como músico, que siendo un pibe se convirtió en empedernido fumador.
La muerte de su padre, provocó una fractura en la vida de Pepe, que en ese momento perdió la alegría de tocar y abandonó su carrera de músico. Aunque siguió trabajando en la docencia como profesor de música.

Descubrir el teatro
Pepe Cruz nació el 3 de julio de 1954 y fue uno de los egresados de los seminarios de teatro que se realizaron a principios de los 70 en nuestra ciudad y de los que surgieron gran cantidad de actores, entre ellos Danilo Devizia.
Fue discípulo de María Esther Fernández, quien remplazó a Natalio Zeta al frente de los seminarios.
Pero quien realmente le permitió descubrir el mundo del teatro fue Miguel Bebán, padre del famoso Rodolfo Bebán, quien vino a trabajar a Necochea contratado por la Dirección de Cultura local.
Bebán vino a poner en escena la comedia de Moliere “El Avaro”. Se realizó un casting y Pepe quedó entre los elegidos para integrar el elenco. Se ensayó durante semanas, pero cuando la obra se iba a estrenar, un desacuerdo entre Bebán y autoridades del teatro hicieron que la presentación nunca se realizara.
A pesar de que la obra no se hizo, Pepe asegura que esa experiencia le permitió descubrir que el teatro y darse cuenta lo suyo era actuar.
Cruz también tuvo la fortuna de que en aquel momento se produjo un movimiento teatral sin precedentes en nuestra ciudad. La década del 70 y los primeros años de los 80 serán recordados por la cantidad de elencos de primeras figuras que realizaban temporadas completas en Necochea.
Así fue como Pepe Cruz tuvo oportunidad de trabajar con Luis Brandoni y su esposa Marta Bianchi y también con Virginia Lago.
Junto a Brandoni incluso realizó una gira con la obra “Una de cal, una de arena”, en la que interpretaba un personaje del sketch “El amigo” de Eugenio Griffero.
Por estos días, Pepe que realiza algunas refacciones en su casa, encontró fotos de aquella época y muestra una que para él es invaluable y en la que se lo ve sobre el escenario junto a Brandoni.

La Nona
Las experiencias con Miguel Bebán, Luis Brandoni y Virginia Lago, le permitieron a Pepe descubrir su vocación por el teatro, los secretos entre bambalinas, la pasión por la lectura y el trabajo.
También fue imprescindible en su carrera su participación en la que fuera tal vez la obra teatral más convocante realizada hasta el momento en nuestra ciudad: “La Nona”, de Roberto Cossa.
Ana María Rodríguez Bambill lo convocó para integrar el elenco, pero cuando aquella emblemática directora necochense comenzó a repartir los papeles, Pepe pensó que lo habían llamado por error.
“Repartió todos los papeles masculinos y yo me pregunté para qué me había llamado”, explicó Pepe. Fue entonces cuando la directora le dijo que quería que hiciera de la Nona. Y le dio una indicación que en ese momento le pareció totalmente descabellada: “Me pidió que mirara las arañas”.
Aquella interpretación, inolvidable para Pepe, le permitió descubrir el tipo de teatro y de personajes que le gustaba hacer.
Cruz destaca el fantástico trabajo de Ana María Rodríguez Bambill, que impactaba al público y hacía que entre los mismos actores se filtrara la realidad de la obra. “Llegó un momento que nadie me hablaba. Podía sentir el odio de los otros”, dijo Pepe cuyo personaje de la Nona se caracterizaba precisamente por provocar ese sentimiento.
“Recuerdo que el público gritaba: ¡Maten a esa vieja de mierda!”

Siempre en escena
Pepe Cruz es la actualidad uno de los pocos integrantes de aquel grupo de actores maravillosos, surgidos en los seminarios de teatro a principios de los 70, que aún continúa en actividad.
A pesar de las dificultades que entraña realizar teatro en Necochea, Pepe sigue adelante. Así en los últimos años realizó varios talleres y formó grupos que le permitieron llevar a escena obras como “Cien veces no debo” o “Tratala con cariño”.
Aunque continúa trabajando en la docencia como profesor de música y de teatro, sigue corriendo detrás del maravilloso sueño de actuar.

(Publicado en el suplemento Finde de Ecos Diarios)
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1 de junio de 2014

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Tres años cautivo en la Patagonia

Cuando se recuerdan las primeras crónicas de la región, siempre se mencionan los textos escritos por el jesuita José Cardiel a mediados del siglo XVIII, pero nunca se menciona el nombre de Auguste Guinnard.
Este joven francés había llegado a América en 1855. Tenía entonces 24 años y creía que lo aprendido en su país, en el rubro de las exportaciones, le permitiría ganar dinero y podría así ayudar a su madre, que vivía en la pobreza.
Pero no tuvo suerte en Montevideo, primera ciudad americana en la que intentó ejercer su profesión y cruzó el Río de la Plata hacia Buenos Aires. Un año más tarde, se encontraba al borde de la miseria y buscaba desesperado algún trabajo que le permitiera subsistir en los campos ubicados junto al río Quequén.



Precisamente la desesperación, fue la que lo llevó a tomar una decisión temeraria y por poco suicida: iniciar un viaje a pie a Rosario, a través del campo y con la única compañía de un viajero italiano tan joven e inexperto como él.
El desastre no tardó suceder, los dos jóvenes se perdieron y sólo Guinnard sobrevivió, pero su vida se convirtió en un calvario. Durante tres años fue esclavo de los aborígenes que habitaban la Pampa y que odiaban a los cristianos.

Desde Quequén
“Antes del testimonio de Auguste Guinnard no se sabía casi nada de Patagonia y menos aún de los patagones”, escribió Jean-Paul Duviols, quien en 2008 publicó una traducción del libro “Tres años de esclavitud entre los patagones (relato de mi cautiverio)”.Pero como indica el título de Duviols en la introducción del libro, el viaje que inició Guinnard a orillas del Quequén Grande, fue involuntario.
Se trataba de un joven que buscaba fortuna y que se topó con la adversidad y sin querer se transformó en el primer cronista que convivió con los aborígenes.
Según Duviols, a mediados del siglo XIX los “lectores interesados por aquella región -que no eran muchos-, no tenían ni la más remota idea de su diversidad y menos aún de la vida cotidiana de los grupos indígenas que la recorrían”.
Añade Duviols, “al publicar su libro, Guinnard fue consciente de que su aporte científico al conocimiento de pueblos ‘salvajes’ y en vía de desaparición era por lo menos tan importante como su aventura personas, por extraordinaria que fuera”.
Escribió Guinnard: “Se comprenderá que, para un esclavo como lo era yo, no era cosa de unos días, ni siquiera de unos meses, recoger las diversas observaciones que hoy ponto ante los ojos del lector”.
La extraordinaria aventura de Guinnard fue publicada en Francia por la revista Le Tour du monde y tuvo un gran éxito. Incluso Julio Verne, uno de sus lectores apasionados, se inspiró el relato de Guinnard para ubicar el inicio de la popular novela “Los hijos del capitán Grant” en la Patagonia.

La odisea de Auguste
“En los primeros meses del año 1856, después de haber visitado a Carmen (de Patagones), sobre el río Negro, al Sur de la Confederación Argentina, y el Fuerte Argentino, situado en el fondo de Bahía Blanca, andaba errante entre los establecimientos de Buenos Aires, muy distantes unos de otros sobre el río Quequén, rara vez trazado y menos aún citado en nuestros mapas europeos”, escribió Guinnard en el inicio de su libro “Trois ans d’esclavage ches les patagones”.
“¿Qué motivos habían podido llevar a un hijo de París hasta aquella extremidad del nuevo mundo? Unas cuantas palabras me bastarán para darlos a conocer.Como tantos millares de franceses que todos los años abandonan el suelo natal en dirección a las riberas del Plata, había ido yo también, en 1855, con el objeto de buscar fortuna en Montevideo y Buenos Aires”, señala el texto.
“O por lo menos a tratar de adquirir, por medio de mis conocimientos prácticos en el comercio de exportación, la certidumbre del pan cotidiano para mí y un poco de bienestar para la vejez de mi madre”, añade la crónica. “Pero por desgracia mía todo me había salido mal, lo mismo en Montevideo -donde encontré ya instalada una competencia demasiado poderosa para que yo pudiera contender con ella- que en Buenos Aires, presa de una de esas crisis revolucionarias que la agitan periódicamente”.
En su estudio sobre la obra de Guinnard, Duviols señala que el joven no da precisiones sobre los trabajos que debió realizar para vivir, pero “es probable que trabajara un tiempo en una fábrica de jabones”.
“Luego, recorrió una zona muy amplia (Tandil, Azul., Fuerte Argentino, Bahía Blanca, Carmen de Patagones y Quequén). No sabemos cómo se ganaba la vida, pues su relato verdadero empieza en Quequén Grande donde trabó amistad con un italiano llamado Pedrito que se encontraba en una situación parecida a la suya y con quien emprendió un viaje hacia Rosario”, precisó Duviols.
“Después de haber recorrido en balde Mulita, El Bragado, el Azul, el Tandil, Tapalquén y Quequén Grande, puntos importantes de la frontera argentina donde habitan muchos estancieros dedicados a la cría y tráfico del ganado, resolví, sin dejarme abatir por tantas decepciones, regresar a Rosario, donde me aseguraban que tendría más probabilidades de éxito”, relató Guinnard en su libro.
“Un italiano, llamado Pedrito, desorientado como yo en este distrito perdido, me propuso entonces acompañarme, y juntos emprendimos la travesía de la pampa, a fin de acortar la distancia que teníamos que recorrer”, explicó.
La idea no solo era temeraria, sino prácticamente suicida y para el pobre Pedrito en realidad lo sería. A pesar de que en aquella época cualquier persona tenía acceso a un caballo, los dos europeos iniciaron la travesía a pie.
“Para reemplazar a los guías que nuestra falta de medios no permitía proporcionarnos, tracé yo mismo un itinerario en un mapa y compré una brújula, y fiados en nuestras fuerzas y juventud partimos a pie, llevando a cuestas algunas provisiones de boca y caza. Bien conocíamos que se nos presentarían numerosas dificultades, y aun peligros, pero estábamos decididos a arrostrarlo todo”, escribió años más tarde..
“El 18 de mayo de l856 nos pusimos en camino. Esta época del año coincide con el principio del invierno en estas regiones. A nuestra partida comenzó a llover a torrentes, y hacía, además, un frío vivísimo, cuya intensidad aumentaba con el viento muy recio que soplaba de las profundidades de la Patagonia. Este mal tiempo duró cuatro días y nos impidió cazar y hacer lumbre; mucho trabajo nos costó también proteger de la humedad nuestras armas, de las cuales dependía nuestra existencia. En la tarde del cuarto día cesó de llover y un rayo de sol vino a reanimar nuestro ardor;descansamos algunas horas y comimos un poco del pan empapado en agua que nos quedaba”.
Pero la brújula que orientaba a los inexperimentados viajeros no tardó en descomponerse y ambos hombres se perdieron y se adentraron en la Patagonia, donde fueron atacados por un grupo de aborígenes. En vez de entregarse, decidieron luchar, a pesar de su inferioridad de condiciones y Pedrito no sobrevivió al entrevero.
Guinnard fue tomado cautivo y vivió los siguientes tres años en la extrema miseria, como esclavo. Fue vendido por los poyuches, que lo habían capturado, a los puelches, luego a los tehuelches y por fin a los mamuelches. A pesar del calvario que significó la cautividad, nunca perdió la esperanza de escapar y en el tiempo que pasó como esclavo, no sólo aprendió las costumbres y la lengua de sus captores, también se convirtió en un fantástico jinete y logró una fortaleza física que después de tres años le permitió fugarse.
Su odisea, que había comenzado a orillas del Quequén, culminó en Río Quinto, donde se recuperó físicamente. Luego cruzó los Andes y desde Valparaíso volvió a Francia.
Poco se sabe de su vida posterior. Incluso se desconoce cómo murió. Según Duviols, nunca se recuperó psicológicamente de la cruda experiencia de la cautividad. (Publicado en el suplemento Finde de Ecos Diarios de Necochea)
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28 de mayo de 2014

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De Quequén hacia la esclavitud

Esta semana, en la sección Nuestra Historia de Ecos Diarios, estoy pensando en escribir sobre Auguste Guinnard.  Se preguntarán: ¿Quién es Guinnard y qué relación tiene con Necochea? Fue un pequeño burgués que a mediados del siglo XIX vino a la Argentina a hacer la América. Pero no tuvo suerte y terminó recorriendo los establecimientos rurales ubicados a orillas del Quequén Grande. Como aquí no consiguió trabajo y, al borde de la miseria, decidió emprender un viaje a pie a Rosario, en busca de mejor fortuna. Pero aquel viaje se convirtió pronto en una pesadilla y terminó convertido en esclavo de los indios.
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19 de mayo de 2014

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Cebollita, el legendario rey de las cuadreras

A fines de abril de 2005, Néstor Adolfo Rubiano presentó en nuestra ciudad un libro sobre la vida del popular bandido rural Vairoleto. Recientemente Rubiano publicó un nuevo libro, esta vez no sobre un personaje tan conocido como el gaucho Vairoleto, sino sobre un caballo: Cebollita.
Aunque no un caballo cualquiera, Cebollita se convirtió una leyenda de las carreras cuadreras y verdaderas multitudes asistían a los lugares donde el animal corría.
Rubiano entrevistó a Pedro Lucero, jockey y dueño del famoso animal, y también recopiló datos de antiguas publicaciones para documentar su libro "Cebollita, un elegido de la historia".
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Historia del Casino de Necochea

Casino Necochea
El 9 de febrero de 1973, ante más de 5.000 personas, el entonces ministro de Bienestar Social de la Nación, Oscar Puiggrós, presidía la ceremonia de inauguración de la primera etapa del Complejo Casino de Necochea.
Esa cálida noche de verano, la primera bola lanzada oficialmente en las mesas de ruleta de la sala de juego, era el “Negro el 22”.



Habían pasado poco más de cuatro años desde que el 12 de octubre de 1968, se colocara la piedra fundamental del complejo en un sector denominado “La olla”, junto al Parque Miguel Lillo.
Si bien aún faltaba mucho para concluir la obra, en marzo de ese año se realizarían elecciones presidenciales, y el entonces presidente de facto teniente general Alejandro Agustín Lanusse quería despedirse con la habilitación de la monumental obra en Necochea.

La construcción del Casino de Necochea

El Complejo fue proyectado por el arquitecto Roberto Quiróz y construido en un sector de los necochenses denominaban “la olla” y que era utilizado para descansar y tomar sol en los días de viento, ya que se encontraba rodeado de un cordón de dunas y tamariscos.
La obra fue financiada por la Lotería de Beneficencia Nacional y Casinos y llevada adelante por la empresa Seminara Sociedad Anónima.
Para poder plantar los cimientos, la obra debió remover un médano de 12 metros de altura y trasladar 90.000 metros cúbicos de arena.
El edificio proyectado ocuparía una superficie de 22.000 metros cubiertos. Las salas de juego abarcarían una superficie cubierta de 2.000 metros cuadrados, con capacidad para albergar a más de 8.000 personas, 50 mesas de ruleta y 20 de punto y banca.

Inauguración del Casino de Necochea

Para febrero de 1973 sólo estaba completada en parte. La inauguración impulsada por Lanusse sólo consistió en abrir la puerta a la salida de juegos, la confitería y los locales comerciales.
Faltaba concluir el restaurante, la boite, la pileta y el imponente Teatro Auditorium.
En la inauguración, el edificio sorprendió por sus características futuristas. La araña luminosa, ubicada en el acceso a la sala de juegos, con miles de lámparas, deslumbró al público.
También resultaba sorprendente la tecnología con la que contaba el edificio, ya que se realizaba el seguimiento de los jugadores a través de un circuito cerrado de televisión.
El interior de la sala de juego tenía columnas revestidas con mármol de Carrara y Verde Alpe. Espejos, alfombras y arañas completaban la sofisticada decoración.
La sala de entretenimientos contaba con canchas de bowling, donde se ubicaban, además, mesas de billar.
Esa noche de febrero de 1973 también se inauguró la pista de patinaje especialmente preparada para la realización de partidos de hockey sobre patines.
En tanto, la galería comercial comprendía salones para oficinas, negocios y kioscos, ejecutados con techos decorativos de modernas líneas con iluminación acorde, pisos de porcelana y paredes revestidas.
En una segunda etapa fue habilitada la boite, que contaba con un cielorraso de superficie cilíndrica.
Junto al restaurante, la boite fue inaugurada una piscina que contaba con iluminación subacuática, trampolines y tobogán y era toda una revelación para los necochenses.
En la parte exterior se construyó una playa de estacionamiento con capacidad para casi un millar de automóviles y se completó el conjunto con obras de jardinería exterior.

Decadencia del Casino de Necochea

Con el paso del tiempo, el corte futurista del Complejo Casino se convirtió en una postal de la ciudad. En los años 70 fue un símbolo del crecimiento turístico de Necochea.
Para comprender la convocatoria turística de la ciudad en aquella época, basta decir que esa misma noche se presentaban en la ciudad dos grandes espectáculos musicales: en Rimini el joven cantante Sergio Denis y en Fortacho`s, Juan “Corazón” Ramón.
Eran épocas en las que la temporada teatral duraba tres meses y los elencos permanecían durante toda la temporada en la ciudad. Cuando la ciudad tenía cinco cines y las vacaciones se extendían por semanas.
Pero luego, con la falta de mantenimiento y la erosión que el aire marino ocasionaba sobre la estructura metálica, el complejo comenzó a decaer, lejos de los brillos de lo que fue aquella noche de febrero de 1973.
En agosto de 2001 un incendio destruyó una parte de la construcción. Por ello, el Casino es hoy un reflejo de lo que fue en la década del 70.

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17 de marzo de 2014

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Atlantis, una odisea sin precedentes en la Argentina

A mediados de marzo de 1984 el abogado nacido en Necochea, Jorge Manuel Iriberri ofreció una charla en el Liceo Naval Militar “Capitán de Fragata Carlos María Moyano”.
Durante la disertación el abogado dio a conocer detalles del proyecto Atlantis, que tenía como objetivo realizar la travesía del Océano Atlántico en una primitiva balsa de troncos.
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3 de marzo de 2014

Juan Jose Flores

Historia del carnaval en Necochea

Convertidos en algunos lugares del mundo en una maquinaria económica que atrae a millones de turistas, el carnaval fue hasta hace poco más de 50 años una fiesta popular que no reconocía clases sociales, sexos ni edades. Hasta en los más remotos pueblos del interior la gente se disfrazaba, formaba comparsas y salía a bailar a las calles.
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Juan Jose Flores

El viejo Partido de Necochea

Hasta el 24 de octubre 1958, el Partido de Necochea comprendía un territorio mucho más extenso que el actual, ya que incluía a gran parte de las tierras del actual distrito de San Cayetano.
Precisamente esa localidad era el principal pueblo del interior del extenso interior necochense.
El Partido de Necochea fue creado el 31 de agosto de 1865 y tenía una extensión de 7.130 kilómetros cuadrados, 2.339 kilómetros cuadrados más que en la actualidad.
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